Asisten: Ana Isabel García, Azucena Crespo, Guadalupe Moro, Toñi Sainz, , Juan Carlos Lago y Luis Alberto Prieto

Facilita: Ana Isabel García

Nos hace el resumen para el blog: Azucena Crespo

Comienza este esperado encuentro nuestro con la presentación por parte de la facilitadora, Ana, que nos hace un breve recordatorio de la propuesta de temas para que el grupo escoja mediante votación:

–        Relación bondad y sacrificio.

–        Trabajo y doble moral.

–        Tema “sorpresa”. Con esta sugerencia Ana nos lanza algunas preguntas para la reflexión: ¿de qué depende que escojamos esta propuesta? Juan Carlos comenta que escoger esta opción supone dar confianza y credibilidad a la persona que la propone. Azucena considera que se puede apostar por dicha propuesta pero para escoger mediante votación el tema que más nos interesa entre los propuestos habría que conocer el contenido de dicha sorpresa. Ana recoge las aportaciones: la elección de la sorpresa ¿es una cuestión de confianza personal? ¿hay que conocer el contenido de la sorpresa para poder votarla? ¿podemos elegir sin saber lo que elegimos?

Toñi nos hace concretar y centrarnos para iniciar el diálogo, de modo que procedemos a la votación, en la que cada uno manifiesta sus varias preferencias. El grupo escoge por mayoría el tema de la relación entre bondad y sacrificio. Tras la votación se manifiesta el deseo de conocer el contenido de la sorpresa… pero no se nos desvela, ¡una sorpresa es una sorpresa…!

Nuestra indagación sobre el tema comienza con la pregunta ¿Existe alguna relación entre ser bueno y el sacrificio?

Guadalupe entiende el sacrificio como renuncia y señala que dicha idea presenta connotaciones que no le gustan. Luis propone algunos ejemplos de nuestras relaciones, como hijos o esposa, en las que está continuamente presente la renuncia. Juan Carlos propone la hipótesis de que elegir es renunciar, y argumenta que siempre que elegimos lo hacemos entre distintas opciones y, por tanto, renunciamos a aquello que no resulta escogido. Distingue entre renunciar a algo que también nos interesa y renunciar a algo que no nos interesa. Entiende que la idea de sacrificio se vincula con la renuncia de algo que también interesa pero en favor de algo que valoramos más. Guadalupe muestra su desacuerdo pues considera que cuando una persona escoge lo que valora y considera prioritario dicha elección no implica un sentimiento de renuncia ni sacrificio alguno, sino que nos hace sentir bien.

Azucena plantea la cuestión: si una persona no se siente bien haciendo lo que hace ¿quiere decir que no ha escogido su verdadera prioridad? Menciona que la idea de sacrificio puede surgir cuando la prioridad personal choca con la prioridad de atender las necesidades de otras personas. Ana pregunta ¿la idea de sacrificio tiene una connotación de pérdida a nivel individual? Toñi destaca la idea de equilibrio entre las diversas dimensiones y prioridades, y nuestra íntima necesidad tanto de dar como de recibir. Juan Carlos subraya como verdaderamente satisfactorio el dar a los demás, pone el ejemplo de una vida de entrega, la de Teresa de Calcuta. Luis matiza que también en ese caso hay cierta reciprocidad, pues se recibe a cambio la satisfacción espiritual. Pone ejemplos de renuncia de intereses que supondrían crecimiento personal como sacrificio en favor del bien general de la familia. Valora que eso tampoco es bueno para los demás, pues uno no se siente satisfecho y feliz; de modo que el cuidado de uno mismo contribuiría también al bien familiar. Ana pregunta si cuando realizaba dicho sacrificio era una persona buena. Luis define ser bueno como hacer algo por los demás sin esperar nada a cambio. Azucena apunta la contradicción de esa definición con lo anteriormente expresado por él, pues había indicado que siempre recibimos o al menos esperamos recibir, aunque no sea de la persona concreta a la que damos. Juan Carlos añade a la definición la matización de hacer algo “positivo” para los otros, y que ellos quieran o necesiten. Guadalupe considera que hacer lo que uno cree que tiene que hacer (actuar en conciencia) implica sentirse bien y entiende la bondad como un hacer lo que quieres, cuidando de uno mismo y de los demás, buscando el equilibrio entre esos ámbitos de dedicación.

Toñi alude al rol tradicional de la mujer (servicial y sumisa) vinculado a la idea de sacrificio, entendido como un olvido de sí para vivir por y para los demás, y que se asocia con la bondad. Dicho binomio sacrificio-bondad se entiende como algo propio del pasado. Ana pregunta si cuando todo el tiempo es por y para uno mismo se rompe también el equilibrio, y quién decide dónde está el límite de dicho equilibrio. Toñi responde a la primera cuestión con ejemplos de etapas y situaciones en las que los demás pueden demandar más atención y, como respuesta a la segunda pregunta, entiende que el límite lo establecen las partes de la relación (la pareja en el caso de la vida familiar). Guadalupe menciona el ejemplo de la mujer-víctima, que en su renuncia continua no ha sido feliz. Comprende que dicha actitud responde a una determinada construcción que no ha sido elegida.

Juan Carlos añade que en ocasiones una persona puede hacer algo por los demás sin que se lo hayan pedido, y luego reclamar reconocimiento. En estos casos el sacrificio no se entiende como bondad. Apunta a su vez a que todo acto de entrega no genera un acto de bondad, en tanto sus consecuencias no sean buenas; entiende que todo acto de bondad ha de generar consecuencias buenas.

Azucena señala la idea de servicio como más adecuada que la de sacrificio para referirse al cuidado y atención de las necesidades, tanto de uno mismo como de los demás. Manifiesta desacuerdo con Juan Carlos cuando no entiende como un acto de bondad hacer algo por los demás sin que los otros lo hayan demandado, pues pueden darse casos en los que el otro no hace explícitas sus necesidades legítimas. Un acto sería bueno entonces si hay escucha activa de las necesidades, y considera que hay que ser capaz de escuchar las necesidades de uno mismo para poder escuchar las necesidades de los demás. Juan Carlos distingue en las necesidades de los demás las que ellos tienen y las que uno cree que ellos puedan tener.

Ana nos propone definir lo que entendemos por “uno mismo”. Luis entiende que es el individuo que elige. Juan Carlos como el yo y su circunstancia. Toñi comenta que es un rol construido mediante elecciones. Guadalupe entiende que vivimos en interacción y que no puede separarse el cuidado de uno del cuidado de los demás. Toñi considera que el cuidado parte de uno mismo, y que hay que poner límites a los distintos espacios vitales. Juan Carlos argumenta que cuando ponemos límites a los demás estamos pidiendo que nos cuiden, que respeten también nuestras necesidades. Azucena plantea la diferencia entre necesidad y mero capricho. Pero no hay tiempo para más…

Finalmente Ana sintetiza las aportaciones y señala la ausencia en el diálogo de aquella renuncia que hace uno mismo por uno mismo (y no ya por los demás).

Ha sido un encuentro muy dulce, lleno de pasión y cuidado…

Espero con ilusión nuestra próxima ocasión para el diálogo y la reflexión compartida.

 

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La mañana soleada, del pasado 1 de febrero, nos reunimos en la sede de la asociación. Fuimos seis: Margarita Soto, Valentina Maldonado, Azucena Crespo, Luis Alberto Prieto, Juan Carlos Lago, anfitrión, y Fernando Abad, secretario de la sesión, el que ahora escribe. Tras presentarnos y recordar los temas propuestos para el café, decidimos hablar sobre el trabajo y la idea russelliana de que el aumento de la felicidad debe pasar por la disminución del trabajo. Juan Carlos contó la fábula de los misioneros jesuitas y los indígeneas: aquéllos, en su voluntad de mejorar las condiciones de vida de estos, les consiguieron un tractor; al cabo de un tiempo se interesaron por los beneficios de la máquina para los campesinos: “¿Han aumentado las cosechas?” “No”, responden los campesinos: “lo hacemos en menos tiempo” Luis Alberto cuenta otra fábula, la de los pescadores americanos, uno de México, el otro de los Estados Unidos. El estadounidense concibe la pesca como un modo de ganar dinero para, al cabo de grandes esfuerzos y jornadas de pesca extractiva y esquilmante, lograr pasar tiempo con sus amigos y su familia, cosa que el mexicano ya tiene sin necesidad de pescar más que lo necesario para vivir. Según él mismo, habría que trabajar solo lo necesario para que la sociedad o la comunidad funcione, es decir, para satisfacer las necesidades de la comunidad. Azucena pregunta si esas necesidades son las estrictamente biológicas u otras. Juan Carlos responde que los trabajos productivos no tienen por qué producir objetos materiales: el arte, el entrtetenimiento, también son productos; el otro trabajo, el no productivo, es el meramente especulativo; al hilo de esta distinción le pregunta a Margarita si se puede vivir de escribir, de crear. Ella responde que no escribe para vender libros, sino para que la conozcan; y sobre el trabajo reflexiona: es mejor si amas lo que haces;. Pero, ¿cualquier trabajo es susceptible de ser amado?, pregunta Azucena; hay trabajos tan mecánicos y absurdos que le cuesta creer que sea así. Fernando pone el ejemplo de su padre, de como a pesar de que le hubiera gustado estudiar y trabajar de ingeniero, por la falta de oportunidades terminó realizando diversos trabajos y amándolos todos; quizá la clave para amarlos estuvo en hacerlos bien. Juan Carlos apoya la idea de que la satisfacción del trabajo bien hecho puede hacer que el trabajo sea amado. Margarita apunta que el que un trabajo pueda ser amado o no depende de las circunstancias de la persona: pone el ejemplo de un niño que necesite trabajar para ganar dinero para que le dejen entrar en casa cada día, lo que hará que el trabajo no sea deseado por él.Valentina recomienda dos lecturas: “La mano invisible”, de Isaac Rosa,sobre el trabajo mecánico, repetitivo y absurdo y sobre quién mueve los hilos del engranaje en que participamos como trabajadores; y “Manifiesto contra el trabajo”, del Colectivo Crisis, que pone de manifiesto cómo hoy en día abunda el trabajo extenuante. La clave para entender por qué se da este trabajo, dice Fernando, es el cambio de un modelo de autoabastecimiento por otro de acumulación. Es la base del sistema capitalista, que se funda en la plusvalía y la alienación, recuerda Juan Carlos. Luis Alberto: trabajamos cada vez más y lo hacemos para el sistema; el 50% de nuestros ingresos vuelven al estado, según parece. Azucena insiste en que hay trabajos que son absurdos en sí; Juan Carlos responde que hay quien prefiere trabajos mecánicos, de los que para otros son absurdos y demasiado repetitivos, porque terminan al acabar la jornada, cosa que no sucede con determinados trabajos más creativos, como el de docente; para Azucena sería deseable que los trabajos mecánicos los desempeñen autómatas; el problemasegún Juan Carlos, es que los autómatas acaban sustituyendo a las personas, lo que genera desempleo e infelicidad. Fernando responde a Azucena que el sentido lo pone el sujeto y, por tanto, cualquier trabajo puede ser amado (u odiado), lleno de sentido (o absurdo). Pero hay actividades cuyo fin es malo, replica Azucena: no solo cuenta la eficacia y la eficiencia. Juan Carlos: no es lo mismo apretar una tuerca para mayor gloria ydisfrute de un jefe jeta que como contribución a un objetivo común, al bien común (incluso al del equipo que trabaja con un mismo objetivo). Entonces, dice Azucena, quizá ninguna tarea sea amable en sí misma, quizá cualquiera pueda serlo. Juan Carlos pregunta si también matar, y Fernando contesta que sí, pues son las circunstancias las que hacen que algo tenga o no sentido para una persona. Si son las circunstancias, o lo que pone el sujeto, entonces nada es susceptible de ser amado en sí mismo, puesto que en sí mismo implica más allá de toda consideración, matiza Juan Carlos. Margarita apunta que la ideología influye; Luis Alberto, que ideología y religión son diferentes, porque la religión se proyecta en un más allá; Fernando opina que la religión es una forma de ideología. Y en este punto, tras haber dado cuenta de casi todos los pasteles y de las exquisitas bebidas con que nos regalamos, tuvimos que interrumpir tan animada charla por deber atender cada uno a sus asuntos particulares, la mayor parte de ellos sociales también, no sin antes manifestar el deseo de repetir el próximo mes, y se propone el fin de semana del 1 de marzo.

Fernando Abad

Los límites entre lo privado y lo público

Juan Carlos introdujo el tema, haciendo referencia al reciente y controvertido caso del Rey que fue encontrado, por el azar de una caída, cazando elefantes en una excursión de un costo elevadísimo. Además, no sólo este caso le sugería esta problemática entre qué es público y qué es privado, sino también la situación de los actores que son acosados por el público o la prensa en la calle.

La primera definición que él mismo aportó es que se considera privado a todo aquello que te afecta sólo a ti mismo, aunque Almudena desestimó que pudiera existir algo así, dado que siempre todo lo que te afecta a ti influye, aunque sea indirectamente, en tu familia, amigos, etc. De modo que introdujo ella una nueva definición, según la cual privado es todo aquello que guardas para ti mismo, pero que también puedes compartir con tu gente más cercana. Esto último despertó un nuevo interrogante: ¿podría ser lo privado además comunitario? ¿o es que sólo se supone aquello que se da para uno sólo?

Yo aporté otro modo de entender el asunto, considerando que los conceptos de privado o público hacen referencia a todo aquello que concierne o no al Estado, o quizás más en general, a la vida en sociedad. Todo aquello que se considera público es porque cuenta con un aval institucional que en última instancia se enlaza al Estado. Una reunión de gente puede ser a la vez un acto privado y público, según sea un encuentro de amigos o, como en este caso, una reunión del centro de filosofía para niños que cuenta con una acreditación formal. Juan Carlos preguntó qué ocurriría en el caso de una reunión con una convocatoria abierta pero que no tuviera un aval institucional: ¿sería un acto público o privado?

Se trajo a colación en este punto el caso de los hijos de la gente famosa, y cómo muchas veces los medios acosan su vida privada para hacerla pública, o cómo otras los mismos padres exponen sus propias vidas y la intimidad de su familia de manera pública. Luis también recordó el caso de los detectives privados, quienes se introducen en la vida privada de otros quebrando su intimidad. Del mismo modo, nos preguntamos si en el caso del matrimonio, es decir, de una relación de dos personas, lo que allí se comparte es privado o puede ser público.

Erika consideró una nueva interpretación, según la cual lo privado y lo público podrían equipararse más bien al que es cerrado o es abierto, lo cual se define fundamentalmente por la voluntad de cada uno. Cuando algo que es privado se abre hacia lo público es porque alguien decidió voluntariamente liberar algo que estaba en el ámbito de la intimidad: puedo ser yo mismo, o alguien de fuera puede violar mi privacidad. Carmen se preguntó que pasaría en la pareja, si el compartir algo con el otro no es ya hacerlo público en algún punto, a lo que Erika contestó que este estar abierto o cerrado se daría por grados.

Lucía introdujo una nueva dimensión. Según ella el matrimonio es una forma de hacer público el amor entre dos personas, y consideró que hay algunas cosas que deberían ser obligatoriamente públicas, como es el caso de la actividad de un docente en el aula: éste ámbito no puede quedar librado al arbitrio de cada docente. Juan Carlos agregó un ejemplo del caso contrario, el de una persona que discute telefónicamente en el tren, haciendo público algo que debería permanecer en privado.

Yo consideré que tendríamos que distinguir lo que son los ámbitos público y privado, como ámbitos de derecho, de lo que ocurre en ellos de hecho: algunos elementos de uno muchas veces pueden traspasarse al otro. El ejemplo que puse fue el de la familia, la cual se corresponde con un ámbito privado aunque puedan hoy en día, en los medios, hacerse públicas muchas de sus intimidades. Pero Carmen introdujo una fuerte objeción, y es que si quedaran esos ámbitos, como el de la familia o el de la pareja, reducidos a un ámbito exclusivamente privado, nos veríamos imposibilitados de resolver la violencia entre los miembros de una familia. De allí que se intentó diferenciar el ámbito privado de la intimidad, argumentando que ésta última sí podría pasar a un ámbito público, y es lo que ocurre cuando los famosos hoy en día hablan de su vida privada.

Esto nos llevó a formular la siguiente pregunta: ¿cuándo un problema pasa a ser público? Dimos como ejemplos el de una pareja discutiendo violentamente en la calle, o el del rey yendo a cazar elefantes en peligro de extinción y con fondos públicos. ¿Es que se hace público cuando alguien más se entera o ya lo era antes de que se divulgara? Rafa consideró que hay algunas figuras, en este caso como la de un rey, que deben ser moralmente rectas en toda circunstancia, porque su rol se los exige. Esto nos llevó a pensar el paralelo con un actor al cual sus admiradores le invaden su vida privada, y pensamos que ambos son personajes sociales que cargan con una responsabilidad pública por el hecho de serlo. Tanto un actor como un político con un cargo público o un cura son figuras representativas, y tienen el deber de cuidar sus palabras y actos en mayor medida por la influencia que poseen De cualquier modo, Erika consideró que es algo excesivo pretender que exista alguien que sea ejemplar, o ejemplo de otros, porque en tanto somos seres humanos, siempre vamos a fallar.

Carmen se preguntó luego si sería posible algo que traspase, a la inversa, del ámbito público al privado. Yo hablé de la utilización de fondos públicos, estatales, por parte de un mandatario para un uso personal, como sería el caso reciente del rey. Lucía sin embargo comprendió que la pregunta no hacía referencia a algo tan material como son los fondos del estado, o como puede ser un edificio estatal que sea vendido a una empresa privada, sino a algo relativo a la información, donde ella hallaba ya más dificultad. Luis pensó en un militar que traslada su normativa o sus pautas de conducta a su hogar. Yo agregué el caso, muy recurrente en mi país, de tratar asuntos del Estado, como la creación de leyes, como si fuera un asunto personal del gobernante de turno. Pero Lucía agregó una buena distinción, y es que no es que estos asuntos supongan que lo público se tornó privado, sino que se está tratando algo que es de por sí público como si fuera privado.

Aquí más o menos es donde la discusión empezó a diluirse…

¿Se puede vivir sin esperanza?

El debate se inicia con una explicación, y definición de lo que para Fede significa  esperanza, como una proyección, fuerza hacia algo, pero con el añadido de esfuerzo y trabajo, recordando en cierta medida el conatus de Spinosa.

A continuación interviene Pilar, quien nos explica que tenemos esperanza, porque somos seres finitos y no controlamos todas las variables.

Profundizando en la discusión Juan Carlos puntualiza la diferencia, entre posibles significados que pueden dar lugar a equívocos por ejemplo   tener seguridad (estar completamente seguros sobre algo) y confianza (cuando no tenemos certezas absolutos sobre algo),  y desear. Explicando estos significados en comparación con el juego.

Sin embargo la visión optimista de Fede, se ve interrumpida por el pesimismo  de Félix, pues piensa que la sociedad esta dormida, apática, y sin ningún tipo de interés por el cambio, (hay que puntualizar que Félix acaba de llegar de una manifestación sobre la defensa de la enseñanza pública, y el número de participantes ha sido escaso).

Este flujo de negatividad, tipo escuela de Frankfurt en seguida es combatido por Juan Carlos, quien  muy positivo, (pensemos que estamos en época de esperanza, o sea navidad) le contesta, que aunque se pierda la batalla, hay que seguir luchando…

Pero Félix no está plenamente convencido, y sigue matizando, que más que esperanza, es una coherencia, principios, esfuerzo por mantener la dignidad, el respeto por unos valores, y sigue sin tener esa esperanza  futurista y maravillosa defendida por Juan Carlos.

Después, interviene Fede  para confiar en la unión  de todas las conciencias en la lucha por un mundo mejor.

 Pilar decide centrar el debate y nos pregunta directamente ¿ Pero realmente podemos vivir sin esperanza?, de alguna forma, aunque la pregunta va formulada para todos es motivada quizás por el pesimismo de la  intervención de Félix quien se  ha convertido en el garbancito negro,  del debate (todos estamos llenos de esperanza, Ilusión, alegría, tal vez pensando en la comida que nos espera después del duro debate…). Y la   pregunta la retuerce  aún más Luis,  ¿Un esclavo puede tener esperanza?

A este interrogante responde Erika: la esperanza es el motor para la acción, incluso como forma utópica y explica que los únicos que pueden vivir sin esperanza son los depresivos.

A continuación Luis nos comenta que la prioridad, finalidad de la enseñanza es la felicidad. La felicidad como máxima esperanza.

 Félix interviene  contestando a Luis que hay muchas más cosas por encima de la felicidad.

Ahora Juan Carlos nos da su definición de esperanza como sinónimo de proyecto de vida.

La intervención es aprovechada por Lucía quien se cuestiona, si ¿es necesario el proyecto, más la dosis de esperanza?

Después de estas intervenciones, Pilar nos pregunta por el origen de la esperanza, y si la esperanza puede enseñarse. Entramos así en el análisis psicológico del concepto de esperanza, en el hecho, de que existan personas positivas, que ven el vaso medio lleno, o negativas, que ven el vaso medio vacío.

 el debate se ha acercado paulativamente a la postura mantenida en un principio Por Félix, quien parece que nos ha llevado al huerto, pues Luis expresa que es muy difícil (palabra cargada de negatividad), ver la esperanza, pero que hay que empezar por lo pequeño, a esta idea se unen las intervenciones de: Fede (unión de movimientos de barrios, abolición de la esclavitud …etc para luego pasar a la lucha global), Pilar, (quien explica que ante las grandes preguntas y cosmovisiones siempre podemos perdernos) y Almudena (muerte de Miguel Angel Blanco como unión de lucha pacifista)

 El debate se cierra con la intervención de Félix: la esperanza está en el presente, en el aquí-ahora, pues es donde puede empezar comenzar todo.

La incoherencia: ¿es igual a la contradicción?

¿Hay casos en que la incoherencia podría ser positiva? Ejemplo: cuando alguien actúa de un modo más noble que como se define en su discurso racista y luego no actúa en consecuencia.

Diferencia entre la coherencia intrínseca o extrínseca.

Ser coherente, ¿admite la posibilidad de transformarse?

Coherencia: en relación a acción y discurso.

La coherencia depende de las situaciones. Se establece por grados, no de forma absoluta.

Justificar la incoherencia puede permitir defender a los chaqueteros.

¿La coherencia está al servicio de la felicidad o es posible sacrificar la felicidad por ser coherente? Ejemplos: pareja infeliz, Nelson Mandela.

La incoherencia: ¿es sospechosa? ¿es humana? ¿la coherencia no es humana?

Plano del deber ser contra el de las pasiones o afectos.

La coherencia: ¿es aburrida?

¿Las pasiones pueden ser coherentes? Ej: querer a una persona.

Ejemplo: matrimonio en que se produce un engaño -mentira- supone una incoherencia con el compromiso asumido, pero ¿también con las emociones?

¿Los sentimientos y las pasiones son lo mismo?

No hay que entender la coherencia como

No hay que entender la coherencia como rigidez mental o como inflexibilidad.

Aquellos que delinquen o actúan de forma inmoral para sobrevivir, ¿son menos coherentes? Ej. cubanos que deben comprar en el mercado negro. Justificar estos actos: ¿nos lleva a vivir en una comodidad desde la cual poco se puede transformar? Ej. quienes vivieron en el franquismo y aceptaron vivir de forma incoherente.

Diferenciar coherencia de moralidad. La primera, ¿puede ser inmoral?

Coherencia permite la previsibilidad. En exceso puede llevar a una vida aburrida. ¿La creatividad o la sorpresa sería entonces incoherente? ¿podemos hablar de coherencia o incoherencia en relación a cualquier cosa?

¿Puede ser positiva la incoherencia? Ej. discurso machista que luego no es llevado a la práctica. Peligro: los discursos se terminan convirtiendo en hechos.

Sin embargo, “Uno es lo que hace”. Entonces, el que tiene un discurso que no coincide con sus actos, es decir, que es incoherente, es porque en realidad no piensa lo que dice. Es decir, está engañando con su discurso.

Detrás de la incoherencia se esconde el miedo, quizás a ser uno mismo, o a no poder dar la imagen que otros esperan de uno. Ej. homosexualidad.

Si consideramos como una perfección superior el contener y comprender lo contradictorio, como en la metafísica de Nicolás de Cusa, ¿se puede a partir de allí defender la incoherencia? ¿que relación guarda la incoherencia con la contradicción?

Libertad: en situaciones de marginalidad u opresión, ¿hasta qué punto podemos elegir y actuar de forma coherente o como pensamos?

 

 

Comienza la discusión:

Juan Carlos: parte de la afirmación de Tolstoy sobre que las obras de arte deben transmitir valores morales. Además, el comparte esta opinión. (Ante esta premisa tan contundente aparecen dos respuestas la de Almudena y Pilar)

Almudena: (introduce el tema del relativismo) explica que la moralidad presenta siempre un enorme grado de subjetividad sobre todo en el arte, este punto es aclarado por Félix que específica que esta ya aparece en las múltiples interpretaciones que pueden hacerse de la biblia.

Pilar: Aclara que muchas obras de arte en absoluto transmiten valores, ni moralidad alguna, pues lo único que pretenden es agradar, sin tener mayor pretensión que la de mostrar emociones, o agradar. Explica que es más fácil hablar de valores morales en la literatura (en concreto con las novelas de denuncia). La opinión de Pilar contradice la premisa de Juan Carlos sobre que las obras de arte, deben de tener un componente moral.

Después en la tertulia aparece el tema de la relación entre la vida de los artistas y sus obras, es la intervención de Adolfo, quien nos hace reflexionar sobre la vidas en ocasiones retorcidas, siniestras y carentes de moral de algunos artistas y sus magnificas obras. Idea reforzada con la intervención de Juan Carlos Lago, quien nombra la figura de Cela.

A continuación Charo plantea la pregunta directamente: ¿pueden tener valor estético las obras de aquellos artistas cuyas vidas han sido inmorales? Charo concluye una vez planteada la pregunta de que para que una obra de arte sea valiosa como obra de arte esta tiene obligatoriamente que ser moral.

De repente la tertulia se va hacia derroteros de vidas ajenas, y Felix nuestro moderador interviene para centrar el tema y nos pregunta directamente sobre qué queremos discutir, si es sobre la moral de los artistas o es sobre los valores concretos de las obras de arte. Nos propone reflexionar sobre los valores que genera la propia obra de arte. Menciona el contrasentido que para el tienen obras como las pirámides o el palacio real en donde el poder, la barbarie, las hace realmente desmerecer.

Ante esta reflexión Juan Carlos, se pregunta si es posible realizar esta separación entre la vida de los artistas con sus valores, creencias, inquietudes y sus creaciones artísticas. Entraríamos en el problema entre la coherencia entre sus vida, y sus creaciones. Pilar nombra a Rousseau, como otro ejemplo de artista cuya vida no fue ejemplar, pero tuvo una espléndida obra. Inmediatamente Félix aclara que siempre es posible realizar esta disociación entre vida- obra, o valores morales de la obra de arte y su valor estético.

Almudena: vuelve a insistir en que el contenido de los valores, es de alguna forma subjetivo e independiente de las intenciones creativas del artista. Cuando apreciamos una obra de arte, cada persona percibe, siente y piensa cosas muy diferentes.

En el debate se hace un breve paréntesis para intentar centrarnos en lo qué es una obra de arte.

Pilar: Señala que las grandes obras como pueden ser las pirámides, y que Félix ve como un arte de la “barbarie”, “alegato del poder”, y para quien no constituiría arte con mayusculas no lo era así para los obreros-artesanos que trabajan en dichas obras arquitectónicas ya que aunque explotados y maltratados pensaban que lo que hacían era bello, extraordinario, y estaban realizando autenticas obras artísticas.

Charo: Nos pregunta si es una obra de arte “la silla eléctrica” de wharhol.

Ante esta pregunta tan directa y contundente aparecen dos respuestas: por un lado Pilar quien afirma que si es una obra de arte, ya que transmite emociones manteniendo la opinión ya expuesta al principio del debate y por otro lado la opinión de Félix quien matiza que para que una obra de arte tenga un 10 como obra de arte debe reunir los requisitos de bello y bueno. Nos pone como ejemplos lo que para el sería el arte de lo “perverso” como el Vaticano, o las mismas catedrales. (para Félix las obras directamente vinculadas al poder, pierden puntos, son menos arte, o un arte inmoral..)

Esta afirmación tajante de Félix es inmediatamente cuestionado por Charo, quien pregunta directamente a los tertulianos:

Charo: ¿por qué tiene que tener una obra de arte bondad?

Ahora interviene Juan Carlos sobre la intervención que ha hecho Félix, analiza que en la época franquista surgieron muchos grupos de música protesta, cargados de ideología libertaria que defendían los derechos humanos, la democracia y que podrían tener una puntuación 10 en valores, pero que sin embargo a nivel artístico eran realmente malos. Incluso pone el ejemplo de la canción “al alba” que cuando explica a los alumnos el significado de la canción, los alumnos ponen en entredicho incluso los valores de la canción, por lo que habría que explicar que valores son los que todos aceptamos, y como estos a lo largo del tiempo pueden cambiar.

Volviendo al tema del debate sobre si las obras de arte deben transmitir valores, interviene Pilar para explicar que para ella en las obras pictóricas no se apreciaría la bondad, pero si en la literatura. Esta opinión es contradicha por Juan Carlos quien explica que si que hay obras pictóricas que le transmiten agresividad, y valores negativos.

Después interviene Félix para explicar que muchas veces los artistas son plenamente conscientes del contenido de los valores de sus obras, y de como estos pueden ser utilizados, poniendo el ejemplo de Beethoven, quien dedica su tercera sinfonía “la heroica” a Napoleón, dedicatoria que posteriormente destruye cuando se entera de su coronación como emperador.

Adolfo precisa que no todas las obras están en el mismo nivel respecto a su carga de valores, y luego Toñi cita una obra emblemática a modo de lluvia de ideas “el valle de los caidos. ”Ante este tipo de obras la respuesta de Félix es contundente, para el existen dos tipos de obras de arte, las que obtienen una puntuación 10 explicado anteriormente (morales + estéticamente perfectas), y la obras de arte que responden al poder establecido. Cita como ejemplos obras de Velazquez que para el, son mejores y más completas, como por ejemplo “la fragua de Vulcano ”o aquellas en las que aparecen enanos y deformados con gran dignidad y humanidad. También nombra a Dostoivesky a quien admira especialmente.

Ante la intervención de Félix, inmediatamente Pilar explica que las “meninas” es al margen del poder, y la ideología una grandiosa y maravillosa obra de arte (atmosfera, perspectivas, psicología de sus personajes…) A continuación Juan Carlos interviene para hacer dos preguntas importantes:

1. ¿qué entendemos por ideología?

2.¿se puede separar la ideología en las obras de arte?

Respecto a la primera pregunta, Félix aclara que por ideología se refiere más a valores morales, y nombra las películas de Alejandro Amenámar“ (“ágora” o “mar adentro”) en donde se defienden los valores que interesan al director

Siguiendo con el tema de las “ideologías” en las obras de arte, e intentando contestar a la segunda pregunta Juan Carlos interviene para señalar que para el, una obra puede ser espléndida formalmente pero si descubre que el artista, carece de valores, el valor artístico de la obra de arte termina perdiendo. Ante esta opinión, Pilar nombra obras de Velázquez, donde clarísimamente al servicio del poder “las meninas”, “el licenciado don pablo” y otras sin embargo mucho más humanas, estableciéndose entonces distintas escalas en cuanto a términos de valores, después pasa a describir los valores que posee “las meninas “ como obra artística. A continuación Juan Carlos vuelve a intervenir para dejar claro que nunca dejamos de interpretar.

Ante esta segunda cuestión de si realmente se puede separar la ideología de la propia obra de arte, Adolfo y Félix contestan que si es posible esta separación. Félix nos pone como ejemplo el de un estupendo periodista, Jaime Cazcarrin que trabajaba para el ABC y Adolfo señala que es incluso es más fácil realizar esta separación en la actualidad con artistas actuales, que con los artistas antiguos, y nombra la obra de Mario Vargas Llosa, incluso explica que en la actualidad somos libres para comprar, disfrutar, y consumir el arte que queramos.

Pilar esta de acuerdo en que es posible esta separación pero considera necesario que hay que saber lo que hay detrás de cada obra de artística

Después Almudena centra el debate y vuelve a insistir en la idea central de este en que una obra de arte para ser obra de arte debe serlo por sus aspectos formales y por sus valores morales. (coincidiendo con Félix)

Ante esta intervención Félix concluye que hay arte que no tiene ningún tipo de valores, que es degenerativo y cruel. Sin embargo Juan Carlos cita el ejemplo de las obras musicales dodecafónicas en donde los valores morales no aparecerían, o el caso de la pintura expresionista. Sin embargo Félix cree que Juan Carlos esta equivocado, pues incluso todas estas obras, donde lo formal es lo más evidente, si indagásemos en su contenido, información, intencionalidad, podríamos llegar a los aspectos morales. Y como conclusión afirma que toda obra siempre esta cargada de moralidad.

Ante esta conclusión tan contundente Toñi pregunta a los asistentes : ¿para apreciar una obra de arte hay que tener información?

Esta pregunta genero una gran polémica, pues para Pilar si aceptamos esta premisa implicaría que el arte se convertiría en algo elitista.

· Límites que genera una enfermedad: esto sugirió distinguir entre límite y limitación. Se propuso que  límites los puede haber buenos o malos, pero que las limitaciones siempre se entienden en un sentido negativo.
· Los límites como fronteras: los límites son aquello que separa una cosa respecto de otra. Un ejemplo pueden ser las normas, que separan lo que se debe de lo que no.
· Hay límites positivos: como pueden ser aquellos límites que nos imponemos los sujetos libres.
· Se discutió si las limitaciones, físicas por ejemplo, son pensadas como tales, como límites, en función de una realidad objetiva, según la propia percepción del sujeto o según una medida impuesta socialmente. Se trataron diversos ejemplos: personas con síndrome de down, personas con enfermedades graves contraídas, personas ciegas de nacimiento, personas que pierden la vista, etc. Se debatió si todas estas enfermedades o dificultades son en sí mismas limitaciones o si pueden, por el contrario, ser pensadas de otro modo.
· La muerte, la vejez o la infancia: se puso en discusión si son o no limitaciones, y en qué sentido. Los tres ejemplos presentan carencias respecto de una vida humana “normal” plena, y por ello se defendió considerarlos estados “limitados”.
· Los límites que nos imponen desde fuera y dificultan nuestra acción: éstos vendrían a ser limitaciones de carácter psicológico. Se puso el ejemplo de cuando queremos hacer algo y nuestro entorno nos incita a dejarlo por parecer imposible, aunque en mucho casos se demuestra lo contrario

RESUMEN DE LA SESIÓN DEL 2 DE ABRIL 2011 DEL GRUPO DE PROFUNDIZACIÓN DE FPN

Estuvimos un buen rato proponiendo posibles preguntas para discutir. Así se planteó para qué sirve tanto esfuerzo del ser humano para construirse y para trabajar ante los desastres que nos llegan y ante la contingencia que nos caracteriza. Otra cuestión que se sugirió, pero para debatirla en otro momento, es si es justo el arte o si hay relación entre arte y moral, o, en otros términos, si el saber que una obra de arte es el producto del sufrimiento humano puede dificultarte el disfrutar de esa obra o si no hay contradicción en disfrutar de ella sabiendo lo que ha supuesto el crearla. También se planteó la cuestión de la situación de violencia en Libia y la intervención desde occidente. Y también el sentido que tiene el pasarse toda la semana trabajando, o si no es un sinsentido consumirnos trabajando para sobrevivir en vez de vivir y de trabajar para poder vivir.

Decidimos empezar por la primera, centrándonos no tanto en el aspecto personal o individual, es decir, por qué o cómo somos capaces de afrontar nuestra fragilidad y contingencia ante los reveses de la vida, como en el aspecto macro, en por qué y cómo el ser humano sigue levantándose tras una tragedia como la ocurrida en Japón, cómo sigue luchando y reconstruyendo su vida sabiendo que es incapaz de controlar a la naturaleza y que, en cualquier momento, puede ésta sorprenderle con una destrucción masiva, con una tragedia brutal.

Erika cree que en esta cuestión lo que se plantea es el propio sentido de la vida, pues, sabiendo que la vida es finita y se va a acabar, ¿tiene sentido el luchar y el esforzarse? Lo que genera ciertas dudas como las planteadas por Pilar sobre si sabemos cuál es el final o la de Félix sobre si de lo que habla Erika es de un final o un tránsito a otra realidad, a otro mundo. Esto nos llevo a discutir sobre si la vida tiene valor en sí misma porque es lo único que tenemos o con  lo que podemos contar, o si es un camino transitorio, una antesala a la verdadera vida y si las diferentes respuestas a este dilema ya clásico implicarían actitudes distintas ante el problema planteado inicialmente. Así, por ejemplo Luís plantea que depende del sentido que demos a la vida y lo que nos permite darle sentido, es decir, ser felices, por ejemplo, y retomando la cuestión del arte, plantea que si el arte es lo que te hace feliz no habría contradicción en disfrutar del arte a pesar de saber que es a costa del sufrimiento de los demás. Por ello plantea que depende de lo que sea o lo que la persona piense que le hace feliz.   Pilar recuerda que el planteamiento no es desde la persona individualmente, sino desde una sociedad. A pesar de ello se vuelve a la cuestión del sentido personal y por ejemplo, Almudena cree que es importante tener claro que el ser humano sabe que tiene que morir y lo importante es que hasta que nos llegue la hora procuremos aprovechar lo mejor nuestra propia vida, pero no solamente para nosotros personalmente sino también por los demás, por ello para ella es importante la cuestión de cómo morimos, cómo afrontamos la muerte. A lo que Félix cuestiona planteándose si depende del tipo de muerte, de si hay muertes con “sentido” porque eran previsibles o esperadas y por lo tanto no nos sorprenden o confrontan con lo imprevisible, mientras que hay otras que muestran la fragilidad del ser humano y la contingencia de la vida. Y se aduce el ejemplo de los japoneses que, a pesar de contar con una tecnología punta y ser una sociedad previsora y desarrollada, no pudo controlar a la naturaleza y evitar el desastre, y ante esto surge de nuevo la cuestión: ¿por qué hacemos tantos esfuerzos, planes, proyectos si no podemos asegurar que se van a poder llevar a buen puerto? ¿qué sentido tiene plantearnos el futuro si éste es incierto y nunca podemos controlar completamente el devenir de los acontecimientos? Para Luís la cuestión fundamental es la actitud que tengamos ante estos acontecimientos, la manera de responder. A lo que Toñi plantea que dado que estamos de paso lo que hay que intentar es aprovechar cada momento y vivir cada día, posición que, en cierto sentido, coincide con la planteada por Erika al defender el “Carpe Diem” o aprovecha el momento. Esto llevó a discutir sobre el sentido del “Carpe Diem”, si se trata de un vive el presente sin agobiarte por el mañana o si se trata de vivir plenamente cada instante pero sin que ello suponga el despreocuparte por el futuro o no hacer planes.

Erika, además, introdujo otro criterio para intentar entender la respuesta de la sociedad japonesa ante el desastre: las diferencias culturales. Toda esta discusión que estamos realizando tiene un sentido distinto si lo planteamos desde occidente, donde nos cuestionamos por el sentido de la vida, que desde allá, donde hay mucha resignación y aceptación. Parece que la cuestión gira en torno a que, ante la fragilidad y la contingencia, la respuesta sería resignarse y aceptar lo que venga. A esto responde Pilar que preguntarte por el sentido de la vida no tiene por qué llevarte a la pasividad sino que puede llevar a revelarte, a seguir luchando, a darle sentido a la vida e intentar dominar el entorno en que vivimos y Almudena defiende que debemos buscar el sentido de la vida en cada momento que nos toca vivir sin buscar solo mejorar nuestra seguridad física, el desarrollo técnico y demás cuestiones similares sino en pensar otros modos de vivir la vida y tener siempre presente que en cualquier momento pueden ocurrir acontecimientos no previstos. Con respecto a la cuestión del dilema de la pasividad vs actividad Toñi considera que se plantea una falsa distinción, pues todo es actividad, que el “no hacer algo” es un tipo de actividad o de acción de respuesta, pero que lo que siempre ha caracterizado al ser humano es la lucha por la supervivencia, que es el propio motor de la evolución. Y Erika, ante la cuestión de rendirse o seguir luchando, se pregunta ¿Por qué decimos que la batalla está perdida? Si somos todos uno, si somos todos parte del todo natural, el acabar no es más que el curso normal de la vida… y para finalizar, Félix -que estuvo dirigiendo hábilmente la sesión- cerró recordando alguno de las posiciones defendidas y argumentadas, como la posición de Erika del “carpe diem” y el posible sentido de diluirse en el todo que ella plantea, o la reivindicación de lo agónico y conflictivo que plantean Juan Carlos y Pilar como parte esencial en la vida humana o la posición de Toñi de que estamos en este mundo de paso y que la vida tiene sentido si se vive cada momento, posición coincidente con la que estaba defendiendo Almudena.

Al inicio de la sesión se definió medir, como todo aquello que puede cuantificarse de una manera fiable y válida.

A continuación se señalo porque es importante la medida, para  casi todos los ámbitos de conocimiento: psicología, medicina, economía…

Durante todo el debate se mantuvieron dos posturas contradictorias sobre el tema, por un lado quienes consideraban que puede medirse absolutamente todo, y por otro lado quienes consideraban que hay cosas como los sentimientos que no pueden medirse.

El diálogo comienza por la pregunta de si realmente lo subjetivo puede medirse, tal y como puede ocurrir en el arte, y  algunos de los que intervienen en el debate, señalan lo complicado que es llegar a unos criterios óptimos de medida y valoración. Se señala que uno de los criterios más validos para valorar qué es una obra de arte, sería su perdurabilidad en el tiempo.

Otro de los criterios más debatidos fue el de la opinión de la mayoría, como forma de consenso, a la hora de valorar aspectos de la realidad. También se menciona el uso de las estadísticas, como forma de medida, y como con frecuencia estas pueden manipularse de forma ilegítima.

Respecto a lo subjetivo se continua insistiendo en que hay cosas  imposibles de medir, tal como sería en sentido del gusto, ya que por ejemplo, no se podría cuantificar, la cantidad exacta de picante necesaria para causar malestar, satisfacción..

Se insiste desde esta postura, en que es distinto medir que comparar, y si entramos en el terreno de la medida, con el sentido del gusto sería imposible llegar a una medida exacta.

Sin embargo, la otra postura, es decir la que mantiene que todo puede medirse sigue manteniendo que si es posible cuantificar y que se podría incluso encontrar la dosis exacta para matar a alguien con una estupenda dosis de picante.

Desde la postura que defiende que el gusto no puede medirse, se reitera que es imposible determinar con exactitud el grado de satisfacción, agrado o desagrado con el picante, ya que entramos propiamente en el terreno de lo personal. Volviéndose a insistir, desde este supuesto, en la diferencia entre una apreciación y una medida.

Otro aspecto analizado con el tema de la medida fue el de saber que criterios podríamos manejar para medir la santidad, fe, amor, espiritualidad, e incluso la felicidad. Respecto a ésta, se volvió al tema de la subjetividad, en cuanto que la felicidad era algo muy personal y que incluso, nos podrían “vender”el concepto de felicidad, pero desde el punto de vista de los que defienden que todo puede medirse, si puede pensarse, en unos mínimos cuantificables que podría ser la felicidad, para toda la humanidad.

Se señalo también a lo largo del debate que las mismas formas de medida, tal como puede ser el metro, sufre variaciones, que pueden entrañar dificultad en el propio proceso de medida. A lo que se contesta por parte de uno de los participantes que esto no es un hándicap al proceso de medida como tal, y que lo único que se necesitaría serían medidas de adaptación, se menciona incluso el principio de incertidumbre de Heisemberg, donde inexactitud no equivaldría a falta de medida.

Se comenta que la medida forma parte de nuestras vidas pero que ésta se esta convirtiendo, en algo peligroso desde el momento que las grandes compañías intentan medir todo, como forma de ganar más dinero, como por ejemplo, medir que olores son los más adecuados en una tienda para fomentar las ventas, en que franja horaria se habla más por teléfono… y estas mediciones pueden hacer que nos controlen demasiado. Se coincide en el hecho de que las medidas siempre tienen una intencionalidad, al igual que los criterios. De aquí la importancia de estar muy atentos al proceso y métodos empleados en los procesos de evaluación y medida para que dichos procesos sean objetivos y fiables, relacionado con este punto uno de los participantes menciona como puede variar el proceso de medida en el terreno educativo, donde un alumno puede ser bueno o malo, dependiendo de los patrones con los que se le mida, y de aquí se pasa al proyecto “Pisa”, donde las interpretaciónes pueden fácilmente manipularse.

El debate quedo dejo muchas puertas abiertas que por motivos de tiempo no pudieron discutirse como el hecho de medir los motivos, (importantísimo cuando por ejemplo un juez tiene que juzgar a un asesino), que cosas interesa evaluar, (criterios objetivos- intersubjetivos), sabemos valorar (educación)…

No es fácil hacer un resumen de la discusión que tuvimos el viernes día 2, pues fue intensa y duró algo más de dos horas. Sin duda faltarán aportaciones de personas diversas y quizá tenga la tendencia a resaltar lo que yo dije, y dije mucho, pero buscaré la objetividad.

Pilar hizo una buena presentación del tema, recordando lo que ya se había dicho en las cartas previas.  Su planteamiento inicial fue al núcleo del problema: los tabúes son sobre todo prohibiciones que en su momento dieron lugar a las leyes por las que se rigen los seres humanos. Ahora bien, si ya son leyes, ¿siguen siendo tabúes? ¿Siguen existiendo tabúes en la sociedad actual. Félix señaló que no se trata de una sucesión cronológica, pues siempre han existido ambos, tabúes y leyes, continuidad que Pilar acepta, mientras Juan Carlos señala que permanecen tabúes entendidos como aquello que en una sociedad se está mal visto y es condenado, pero sin ser prohibiciones explícitas.

Estas intervenciones iniciales, unida a otra de Adolfo, plantean una cierta dicotomía, que quizá pudiera resolverse con el diccionario que pedía Adolfo. Por un lado, una interpretación amplia de los tabúes, que ve en ellos esas prohibiciones no explícitas que regulan la vida social; un ejemplo era la prohibición de hablar del dinero que se gana en la sociedad canadiense. Ese enfoque le parece adecuado a Almudena. Por otra parte, Félix llama la atención sobre un sentido más restringido del tabú: es lo sagrado, lo que nos viene dado desde fuera imponiendo un límite a nuestro comportamiento que no debemos traspasar.

Aunque la opción es clara y son dos sentidos diferentes, la verdad es que durante la conversación pasamos de uno a otro con cierta facilidad. Igual no es una distinción tan clara. En todo caso hay preguntas que valen para ambos sentidos, una vez que aceptamos que sigue habiendo tabúes en la sociedad actual, más en sentido amplio que en sentido estricto, pero hay ambos. Por ejemplo el tabú del incesto del que hablan Pilar y Lucía, entre otras personas. El incesto sigue produciendo un fuerte rechazo, es además una prohibición legal y eso fue lo que llamó la atención de Pilar sobre este tema: una novela en la que el incesto no era algo mal visto, y eso le provocó una cierta sorpresa.

En todo caso hay que volver al problema. ¿Sigue habiendo tabúes? ¿Por qué persisten? ¿Qué rasgos poseen que les hace ser aceptados  sin una reflexión consciente? Luis adopta una línea de respuesta abierta: hay, y hay muchos. Pilar considera que hay que ser más restrictivos pues si todo es tabú, ya no hay tabúes. Hecha la aclaración, existen tabúes, del mismo modo que existen nuevas formas de aceptar lo sagrado.

Dicho esto, Carmen retoma la exigencia de señalar los rasgos que los definen. Uno de ellos, al que volveremos más veces, es el de proteger a la comunidad. Eso es, según algunos, lo que justifica el incesto: protege la vida familiar y evita la endogamia. Como ejemplo de la persistencia del tabú, Carmen pone el ejemplo una pareja de dos hermanos que descubren que lo son cuando van a hacerse pruebas de fecundidad. Deciden continuar a pesar del descubrimiento de sus vínculos fraternos, hasta que la mujer se entera de que su hermano ya lo sabía. Ocultarle algo tan importante hace que la hermana no quiera ya mantener la relación.

Juan Carlos, para hacer ver esa persistencia de los tabúes, habla de diversas prohibiciones y menciona el Señor de las Moscas. Lucía apunta otra explicación: el tabú, como prohibición, parece más eficaz que la argumentación racional, aunque no sabe por qué es así. Eso le lleva al ejemplo de los problemas que está plantando la manipulación genética, y la clonación humana le parece tan rechazable como el incesto. Ana insiste en la manipulación genética y considera que en este caso la prohibición se impone porque en definitiva se pretende jugar a ser dioses. Pilar entonces llama la atención de que los tabúes pueden tener una dimensión negativa: imponen prohibiciones que impiden el desarrollo de tratamientos beneficiosos. Desde luego la manipulación genética despierta honda preocupación porque pude abrir puertas peligrosas y porque toca lo más profundo de la naturaleza humana.

Carmen y Félix introducen una discusión colateral, interesante pero que no se continúa. Carmen parce asociar la libertad humana con la ausencia de límites, lo que implicaría la ausencia de tabúes. Félix le recuerda que los límites hacen posible la libertad, nunca la coartan. Con alusiones al árbol de la ciencia del bien y el mal, del relato bíblico del paraíso, pasamos a otro aspecto pues Luis, retomando algo que ya había planteado Pilar en una pregunta, vincula el tabú con la esencia del ser humano, algo unido al misterio de nuestra existencia que debe ser aceptado sin comprensión.

Juan Carlos relaciona esta afirmación con otra anterior y hace dos observaciones: los tabúes son útiles y necesarios, pero pueden ser utilizados de diversas maneras, algunas muy represivas. Además, cuando un tabú es asumido conscientemente, deja de ser un tabú y más bien pasa a ser norma de convivencia. Discutir la historia de los tabúes, su genealogía, podría, según Adolfo, ayudarnos a dirimir esa cuestión; por ejemplo, en un mundo superpoblado, la homosexualidad deja de ser una amenaza para la perpetuación de la especie. Por su parte, Lucía considera que no son normas de convivencia, pero que afectan a esas normas. Y en este momento Luis, seguido por Félix, vuelven al enfoque alternativo: los tabúes son generadores de normas, es decir, son más bien la propuesta de un fundamento más allá del alcance humano que proporciona validez moral a las normas sociales. Producto de la convención son las leyes positivas, pero la ley natural, y en su caso la ley eterna, están presentes como algo previo a la convención. Juan Carlos insiste con fuerza: incluso el tabú es producto de la convención, y Félix le recuerda que eso es precisamente lo que se discute y que conceder eso es anular completamente la interpretación que defienden Luis y él mismo. Luis, para apoyar su tesis, insiste: las convicciones religiosas son algo que tenemos y en lo que estamos, a partir de lo cual se fundamenta nuestra conducta.

Pilar ofrece un enfoque distinto de este problema planteando una pregunta: ¿Generan las sociedades religiosas más tabúes? Almudena creo que no es así, mientras que Ana dice que sí, lo cual, dice Félix, no deja de ser tautológico si aceptamos la dimensión religiosa del tabú.  Y por este camino volvemos a un punto anterior de la mano de Lucía: no es cierto que los tabúes sean generadores y legitimadores de valores morales; los ateos, quienes no admiten tabúes, tienen también firmes convicciones morales que les imponen una conducta. En estos momentos, en sociedades en las que sigue habiendo muchas personas religiosas, pero que al mismo tiempo son sociedades muy secularizadas, las convicciones morales se mantienen. Es más, Adolfo considera que en las sociedades no religiosas hacen falta más tabúes precisamente porque han perdido el sentido religioso del tabú, lo que nos lleva de nuevo a la distinción inicial entre los dos sentidos del tabú.

Pilar, con una nueva pregunta, nos conduce otra vez al tema de los rasgos esenciales de los tabúes. Y en este caso exploramos la idea de que, sobre todo, producen rechazo. Félix menciona incluso la palabra asco, pero más bien se mantiene la idea de que lo que provocan es rechazo profundo, algo en lo que insiste Lucía.

La verdad es que la discusión siguió un rato más, pero ya me había cansado de tomar notas y, además, creo que entramos en la etapa de cierre. Y eso dio tiempo a valorar positivamente la actitud de la moderadora y a que Dori, espectadora, hiciera una valoración de la discusión que provocó un ligero conflicto de interpretaciones que no fue a más. Y quedó pendiente cómo deberían ser las reuniones del año próximo y dónde deberían celebrarse. Félix lanzó la idea de pasar a una cafetería y convertirlas en algo abierto a más gente. No llegamos a ninguna conclusión, desgraciadamente. Dijimos que resolveríamos en la cena pero, obviamente, en la cena nos dedicamos a otras cosas. Con dos horas de diálogo filosófico estábamos ya algo saturados. Y un poco más el escriba que tomaba notas y además, según algunas lenguas maledicentes, no paraba de hablar como, insisten esas lenguas, es su costumbre. Espero que esta acta, sin zanjar la acusación anterior, deje por lo menos claro que incluso en el caso de que hable mucho, también escucho mucho. Ya lo decía el refrán español: «Todo el mundo se fija en el vino que bebo y nadie en la sed que paso».

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