Partimos de las preguntas, ¿qué es ser sincero o hablar sinceramente? ¿Qué condiciones han de darse para que hablemos con sinceridad? En principio hablar sinceramente es decir la verdad, sin embargo, ¿no es acaso posible narrar fielmente los hechos y a la vez no hablar del todo sinceramente?

JUAN CARLOS: Pregunta qué tiene que ver la sinceridad con los hechos. Él vincula más la sinceridad a cierta actitud e intención.

CHARO: Está de acuerdo y añade que para hablar sinceramente no sólo es necesaria esa cierta actitud e intención, sino también la aceptación de la verdad, de lo que pasa, de lo que es.

JUAN CARLOS: Afirma que eso tiene que ver con ser sincero con los demás y con uno mismo, pero el tema se queda ahí de momento y no le hacemos caso.

Surge una pregunta: ¿para ser sincero hay que contarlo todo?

Todos estamos de acuerdo en que la exhaustividad no es posible, sino que siempre hacemos una selección de lo que consideramos importante. Decir lo importante es hablar sinceramente y callárselo, aunque lo que se diga sea verdad, es no hablar sinceramente. Si algo importante queda oculto falta sinceridad. Si algo no importante queda oculto no es relevante para la sinceridad.

ANA: No está de acuerdo. Aunque algo quede oculto, si lo que decimos es verdad, somos sinceros. Cuando somos más exhaustivos y nada queda oculto somos francos, no sinceros.

Llegados a este punto surge un problema y es que nos referimos a cosas distintas cuando decimos “sincero”, “franco” y “honesto”, así que necesitamos aclarar esos conceptos y ver qué diferencia hay entre ellos.

ANA: Para ella la sinceridad es un concepto menos amplio que la honestidad y que la franqueza y tiene que ir ligado siempre a la honestidad porque es lo que marca la diferencia entre decir lo pertinente y lo importante y no decir nada más que lo que es verdad aunque no fuera lo pertinente. Por otra parte, la franqueza es la apertura que va más allá de la sinceridad, gracias a la cual no se oculta nada. La franqueza sí necesita de la honestidad, no es que sea deseable como en la sinceridad sino que es necesaria.

Creo que los demás no hemos entendido bien los matices que Ana encuentra entre los tres conceptos.

JUAN CARLOS: No está de acuerdo e introduce otra distinción entre la honestidad y la sinceridad: la primera se refiere al ámbito público y la segunda al privado.

Los demás no estamos de acuerdo con él porque creemos que se puede ser honesto también en el ámbito privado y sincero en el público. Juan Carlos explica que para él la sinceridad tiene que ver con las relaciones cercanas e íntimas.

Entre todos hacemos una especie de definición: “Franqueza” tiene que ver con abrirse, con hablar abiertamente, sin ocultar nada. “Sinceramente” tiene más que ver con hablar de corazón, con convencimiento, sintiendo o creyendo que lo que decimos es verdad.

Todos compartimos estas definiciones, menos Ana, que sigue prefiriendo las que dio al principio.

Surge otra pregunta ligada a la distinción anterior entre ser sincero con uno mismo y ser sincero con los demás: ¿qué pasa si uno se autoengaña o se autojustifica, puede en ese caso ser sincero con otras personas? Dentro de su engaño sí. Si se cree su engaño es sincero cuando se lo comunica a otras personas.

LUCÍA: No está de acuerdo. Aunque quien se ha autoengañado no es un mentiroso, tampoco es una persona muy sincera, de esas que realmente nos llaman la atención por su sinceridad. La sinceridad va vinculada a un proceso más profundo que el de simplemente decir lo que te viene a la cabeza. La sinceridad va ligada a darse cuenta de de lo que pasa, de las cosas, a prestarles atención. Aunque cuando hablamos de algo superficialmente no mentimos, tampoco somos el colmo de la sinceridad, sino que esta va ligada a una visión más profunda de las cosas (eso no significa que haya que hablar de temas profundos para ser sincero/a).

JUAN CARLOS: Está de acuerdo. Cuando no profundizamos y hablamos a la ligera no hay sinceridad ni franqueza ni honestidad. No siempre somos sinceros o mentirosos, hay grados y el de la superficialidad es uno de ellos.

LUCÍA: De hecho, la sinceridad cuesta, hablar sinceramente es costoso porque requiere investigar y profundizar en las cuestiones.

LUIS: Cuesta ser sinceros porque a veces la sinceridad hace daño a los que escuchan.

Surge la pregunta si siempre debemos ser sinceros y de si sería deseable que lo fuéramos, aunque queda aplazada por otra más inmediata: ¿evitar hacer daño a otros es razón para no hablar sinceramente?

CHARO Y LUIS: Sí, creen que es razón para no hablar sinceramente. Se ponen dos ejemplos: el de la infidelidad en una pareja y el de “¿Estoy guapa?” “ufff… muchísimo…” Es mejor decir a otra persona que está guapa aunque el vestido le quede horrible.

ANA: A veces no identificamos bien dónde reside el verdadero daño.

LUIS: Plantea un caso concreto de un niño de 9 años que pregunta cómo era su padre, muerto hace mucho. El padre era toxicómano y andaba siempre pidiendo dinero a todo el mundo, ¿habría que decirle esto al niño a pesar de que le va a doler o es mejor no ser sincero, decirle otra cosa y que no sufra?

ANA: Evitar el daño no es razón, ni siquiera en este caso, para no hablar sinceramente. Si el niño pregunta es porque necesita saber algo y no decírselo es también hacerle daño. Además a la larga no se sabe qué causará más daño.

CHARO: Cambia de opinión y también ella cree que es mejor decir las cosas, aunque duelan. No sabe si esto vale para todos los casos.

LUCÍA: Está de acuerdo con Ana. Además hay formas y formas y de hablar y de decir las cosas. Saber ciertas cosas siempre nos va producir dolor, pero las cosas se pueden decir con cuidado, amablemente, con ternura o de forma bruta, incluso queriendo herir. Lo segundo, aunque a veces se piense que hablar así sea hablar sinceramente, no es fruto de la sinceridad, sino de la inmediatez, de la falta de atención y de consideración.

JUAN CARLOS: Sinceridad y cuidado han de ir unidas.

LUIS: No le gustan las personas que expresan todo lo que les cruza por la cabeza.

Retomamos la pregunta de si sería deseable que fuéramos siempre sinceros.

LUIS: Por lo que ha explicado antes, dice que no; para él evitar el dolor ajeno sí es razón para no ser siempre sincero.

LUCÍA: Si la sinceridad es algo que va ligado a ese proceso de profundizar en las cosas y además va unida al cuidado, sí sería deseable que fuéramos sinceros. Lo que pasa es que no podemos siempre ser sinceros, dada esta definición, porque no podemos profundizar en todas las cuestiones. Pero sería deseable serlo todo lo que pudiéramos.

Vuelve la idea de que la sinceridad, hablar con sinceridad, no es fácil, sino que cuesta.

JUAN CARLOS: Vivimos cada uno en nuestra burbuja y la sinceridad es algo así como entrar en la burbuja de otra persona y abrir la burbuja propia a esa otra persona. Eso cuesta mucho. Crear el espacio para otro cuesta.

ANA: Está de acuerdo, aunque cree que cuesta más recibir bien al que llega a nuestra burbuja que salir de la nuestra propia. Muchas personas están deseando salir de su burbuja.

JUAN CARLOS: Las dos cosas van unidas.

Al final todos estamos bastante de acuerdo en que hablar con sinceridad es hablar de corazón a corazón. Fusión de burbujas.

JUAN CARLOS: Plantea una última pregunta que prácticamente se queda sin respuesta: ¿Damos por supuesto que los demás, las personas, nos hablan con sinceridad?

Respondemos que más bien nos hablan con cortesía, con amabilidad, pero de corazón a corazón pocas personas hablan.

Al final nos parece cierto que la sinceridad tiene que ver con la intimidad, con las relaciones más personales, cercanas e íntimas.

El desacuerdo entre la definición de Ana de “sinceridad”, “honestidad” y “franqueza” frente a los usos que los demás hacemos de esas palabras llega hasta el final y queda sin resolver.

Se ha planteado el tema de la manipulación y sobre la mesa junto a dos bizcochos y Elena como facilitadora tres preguntas: ¿es posible no “manipular” a nuestros alumnos o a nuestros hijos en el ejercicio de nuestra profesión de profesores o padres? ¿Es conveniente o desaconsejable? ¿Qué entendemos por manipulación?

Pilar Pedraza toma la palabra y distingue entre dos tipos de manipulación la que afecta a la información de los medios de comunicación y la manipulación que se ejerce sobre las personas y que no deja libertad para diferentes opciones. Se influye sobre la persona coartando su libertad de disentir y se presenta una opción como única o mejor.

Luís plantea si la manipulación es consciente o inconciente y se apunta que los alumnos son más vulnerables y por tanto su manipulación es más peligrosa. La manipulación inconsciente sería menos grave

Elena pregunta si habría que incluir cuando el manipulado no se entera y si sería solo manipulación cuando se da esta circunstancia.

Félix opina que te manipulan cuando no te enteras y te coartan y obligan con intención. Luís dice que te manipulan “cuando te llevan al huerto” a lo que Pilar P. contesta que hay una connotación sexual en la frase que no incluye la manipulación. Almudena cree que el manipulador es consciente siempre.

Manipular es un término negativo que indica intencionalidad y Elena apunta que el manipulador lo hace voluntariamente.

Pilar Castañar plantea si en la enseñanza a veces se puede manipular involuntariamente y opina que la historia en concreto muchas veces no es objetiva y el planteamiento del profesor puede influir en la visión de los alumnos. Félix no está de acuerdo con que la historia no sea objetiva; dice que no se puede afirmar eso a priori porque un buen historiador siempre tiene que aportar datos suficientes que sustenten sus juicios y refrenden su objetividad. Luís piensa que si se ocultan datos voluntariamente si es manipulación. Lucía dice que si se planteara “si dices lo que yo te digo, te apruebo” sería, pero que si el profesor cuenta lo que él cree no manipula, solo lo haría aquel que tergiverse los datos y maniobre para que se llegue a la conclusión a la que él quiere que se llegue.

Ana apunta que cuando no hay intención de ocultar no hay manipulación, solo lo sería cuando se oculta información y existe esa intención. Pilar P. responde que cuando se oculta información es imposición y no manipulación. Cree que la objetividad absoluta en un profesor es imposible e influye mucho cómo se cuenta. Lo que si se puede hacer es poner en antecedentes a los alumnos de tu visión para prevenirles de que hay más opciones de ver el mismo hecho. Luís hace referencia a los intentos de los libros de texto del País Vasco y Cataluña de manipular y pone un ejemplo concreto sobre la Guerra Civil y el País Vasco.

Guadalupe señala que hay personas que tienen una visión global de la realidad mayor y son conscientes de lo que se está haciendo, son capaces de ver objetivamente que en una realidad determinada alguien está manipulando. Para ello hay que conservar la pureza y capacidad de observación.

Elena dice que a veces se puede manejar a la gente sin carácter malvado.

Félix pone como ejemplo claro de manipulación “1984”. Para manipular muchas veces se aprovecha el miedo o se aportan intencionadamente datos falsos. Aportar datos falsos intencionadamente es distinto a la censura que no da la información pero no lo falsea. Por tanto censura y manipulación serían distintas. El que cuenta lo que cree no manipula, aunque esté equivocado. El que oculta intencionadamente deforma la realidad.

Félix pone como ejemplo cuando das a elegir a los chicos entre dos opciones metiendo un nuevo elemento que no viene a cuento para lograr que hagan lo que tú crees que deberían hacer. Tras una discusión sobre la pena de muerte y observando que una mayoría de alumnos se muestran a favor se pueden aportar detalles de una ejecución para conseguir que de momento se posicionen a tu favor. Se introduce un nuevo elemento que no tiene que ver,  para lograr manipular; objetivo que solo se logra a corto plazo, porque cuando pasa un tiempo volverán a su idea original.

Lucía señala que la manipulación no siempre es consciente y hay padres que reconocen a posteriori que no sabían que lo que hacían podía ser una forma de manipular; a veces te das cuenta después y no hay una plena intención. El chantaje emocional es manipulador y todos coincidimos en que la mayoría de las madres lo han utilizado en más de una ocasión

El profesor influye y transmite. Hay que delimitar una frontera entre “influir” y contagiar ciertas cosas, decir no es manipular, poner carita de pena si lo es (en clara referencia al gesto de Lucía y con carácter jocoso).

Pilar P. pone sobre la mesa de nuevo tres preguntas interesantes: ¿Se puede manipular para conseguir algo bueno? ¿Es legítimo hacerlo? ¿Se manipula más cuando hay lazos afectivos por medio?

Elena recalca si hay intención o no de manipular y Ana le contesta que siempre hay intención, pero no le ponemos nombre. Quieres que el otro haga lo que yo quiero y pone el ejemplo de su madre que se lo ha reconocido hace poco sin tapujos. Pilar P. le dice que puede ser algo bueno para el manipulado, pero Ana le rebate que aunque la intención sea buena no es legítimo porque cortas la libertad de esa persona. Para ella la libertad es lo prioritario y no coartar que esa persona se equivoque. Con respecto a la pregunta de si es legítimo para Ana, claramente no lo es.

Federico toma la palabra y dice que si no es lo mismo la manipulación consciente e inconsciente ¿cómo llamamos al ejercicio inconsciente? Félix le responde que no es todo o nada, hay muchos grados: inconsciencia culpable, no culpable, etc. pero que no hay peor ignorante que el que no quiere saber. La manipulación siempre es mala y técnicamente imposible porque a la larga no conduce a nada. En el caso de un profesor que tenga un claro ascendente sobre sus alumnos es más peligroso y cuanto mayor sea éste más cuidado debe tener; es necesaria una autodisciplina mayor. Un líder es alguien que tiene más personalidad y carisma y debe utilizar ese poder para evitar manipular a los que le siguen.

Elena comenta que el manipular nunca es bienintencionado aunque sea para hacer algo beneficioso. Félix dice que está seguro de que no sirve para nada y no es lícito porque es inmoral e inútil.

Almudena plantea que puede haber un uso bondadoso de la manipulación y como ejemplo cita al bombero que convence al suicida de que no lo haga, para salvarle. Para ella en este caso sería legítimo. Ana opina que para ella ni siquiera en ese caso lo sería.

Félix comenta que los confesores distinguían entre “ignorancia culpable” de “ignorancia insalvable” pues hay gente que no puede salir de su ceguera por sus propios condicionantes personales.

Se comenta que la manipulación de las madres es un truco genético y Guadalupe dice que aunque en las madres sea buena la intención, asfixian a sus hijos y esto tampoco es lícito.

Ana dice que en la manipulación hay grados pero es consciente siempre porque en el momento que evitas pensar en lo que estás haciendo, ya sabes que estás haciendo algo en lo que no quieres pensar y por tanto sabes que está mal. Félix comenta que Guillermo Brown mentía tan bien que se engañaba a si mismo.

Hay que distinguir entre consciencia y la sutileza de esa manipulación. No es genético y muchas veces puedes obtener lo contrario. Elena afirma que la habilidad del manipulador es que no se entere nadie de que está manipulando.

Ana dice que es difícil dar nombre a los vicios, nos cuesta vernos como malos. Ve el chantaje emocional como el soborno de los sentimientos y no es legítimo en ningún caso, incluso en el caso de que menores inconscientes y locos quieran tirarse por una ventana.

Se plantea otra pregunta ¿se puede manipular uno a si mismo? Félix responde que a eso se le llama “autojustificación”. Se puede racionalizar o justificar pero manipularse es difícil. Federico dice que justificar y engañar no es manipular.

Se comenta que hay profesiones que se pueden prestar más a la manipulación como son: psicólogo, profesor, etc. y que en esos casos hay que tener mucho cuidado y ser muy cuidadoso para no caer en ello.

Federico retoma el tema de los grados y dice que hay que considerar la inconsciencia del manipulador, el que aprende a querer y amar de una manera, es decir con los mecanismos con los que crecemos y que asumimos como propios y que puede llegar a desarrollar una lógica no racional. Félix opina que no puede haber intención inconsciente. Federico señala que en su experiencia en los Ayuntamientos hay mujeres maltratadas que inconscientemente repiten en su elección de parejas maltratadoras, eligen siempre mal y plantea ¿puede haber en el manipulador y en el manipulado algo inconsciente? Se puede dar la educación en esos valores y el manipulador actuar sin saber que lo que está haciendo es muy malo. Ana responde que en realidad el manipulador siempre es consciente aunque puede suceder  que no sepa como ir por otro camino.

La manipulación implica relaciones de poder, de lucha por el poder y reconocimiento que son el centro de la lucha política y ética.

Lucía pregunta si en el caso de niños manipuladores con sus padres son conscientes de lo que hacen. Son niños que crecen con esos roles y no rectifican hasta que siendo adultos se plantean como se relacionan con las personas. Félix contesta que no conocen la palabra para definirlo pero si saben lo que hacen. Se pone como ejemplo de manipulación infantil el niño enfermo que exagera los síntomas para lograr atención.

Lucía afirma que en la manipulación entran los aspectos vulnerables de una persona y se realiza la manipulación aprovechando justamente esos aspectos. Pilar P. ve que cuando los sentimientos son más vulnerables entra en juego la dependencia emocional. En el esquema mental de la manipulación consciente, se actúa con mala intención y el resultado siempre es negativo. En el caso de la manipulación inconsciente el resultado es negativo igualmente, porque manipular está mal.

Félix cita un vídeo de un niño y dice que lo que busca el niño es poder y estatus y los seres humanos mentimos. Hay que aprender a mentir sin que lo noten y detectar cuando te están mintiendo. Se manipula al vulnerable, son juegos de poder. El manipulador utiliza su inteligencia para manejar la vulnerabilidad del manipulado. En general, el manipulador es más inteligente y se aprovecha del manipulado que no lo es tanto. Pilar C. opina que es injusto que encima que a una persona se le manipula se le considere tonto; “cómo eres tonto te mereces que yo que soy mucho más listo que tú, te pueda manipular y utilizar”. Félix aclara que eso no es lo que él cree. Y afirma que el profesor debe tener mucho cuidado con las relaciones de poder porque es un combate entre desiguales. La educación debe dar herramientas para defenderse de la manipulación. Comenta que hay profesores que exigen el retorno de la figura de autoridad del profesor cuando éste, de por si,  tiene todo el poder del mundo.

Un manipulador se puede autojustificar con eufemismos como “la gestión adecuada de los sentimientos”. Pero tú eres un manipulador y hay daños colaterales pues te aprovechas de las debilidades y de la vulnerabilidad de los demás. Guadalupe dice que no es necesario mentir, solo “dar” cuando conoces las debilidades del otro.

Lucía apunta una nueva idea muy interesante: la debilidad del manipulador, es débil porque el fuerte no tiene necesidad de utilizar la fuerza.

En la manipulación inconsciente siempre hay intencionalidad (Luís) y Elena dice que si no hay intención no hay manipulación.

A pesar de los intentos de Ana porque Elena se defina en sus autoproclamados dotes de manipuladora no lo consigue y se pospone para la siguiente sesión su toma de postura, aunque todos coincidimos que en esta sesión nos prometió manipularnos y ninguno hemos percibido nada.

Yo, que debido a mi ocasional ocupación de resumidora de opiniones y por tanto manipuladora consciente de vuestras manifestaciones, quiero dar mi opinión y señalar que no se ha hablado de la soledad final a la que irremisiblemente llega un manipulador. Quien cree que es más inteligente que nadie y manipula porque cree que los demás no se enteran está engañándose desde el principio. En muchas ocasiones el manipulado es consciente de que está siendo manejado pero puede ceder a la situación por amor, por dar una oportunidad a una amistad o por pura tolerancia; otras veces, el manipulado no se da cuenta al principio, pero siempre lo va a detectar a la larga y va a juzgar a la persona manipuladora como tal y actuará en consecuencia con ella. El manipulador pierde la oportunidad de disfrutar, simplemente, con las buenas personas porque siempre tratará de imponer su criterio y voluntad, y en aras de la ostentación íntima de su poder pierde valores humanos como la solidaridad, la generosidad y la empatía. A la larga creo que el manipulador se convierte en una persona triste y solitaria y se tiene que conformar con solazarse en su “inteligencia superior” que le hace presuponer que nadie le “pilla” en sus manejos. Sinceramente creo que no merece la pena y es importante detectarnos a nosotros mismos cuando en las cosas cotidianas intentamos imponer nuestra voluntad disimuladamente.

En la evaluación final, se valora la opción dada por Elena como facilitadora de pedirse el turno de palabra, dándose la vez del último al siguiente (como en el mercado). Algunos creen que no ha funcionado bien porque ha habido algunos saltos de personas y se propone que haya un voluntario que dé el turno de palabra. Ante el temor de que otra persona ocupada en algo concreto tampoco participe se concluye que se seguirá como siempre. Federico opina que ha habido una participación fluida y comedida en los comentarios y que la facilitadora ha orientado bien la discusión planteando preguntas y encauzando el debate. Sus palabras son secundadas por la mayoría.

Sobre el bizcocho se comenta que ha estado bien, aunque a Félix le gustan más los postres caseros. En cualquier caso se concluye que ha estado rico, sobre todo para Federico que se ha comido todas las nueces.

Con respecto al tema propuesto por Ana sobre la solicitud de subvención para el grupo de trabajo, se opina mayoritariamente que en estos momentos no se necesita dinero ya que no se ve muy claro como podría justificarse.

Se anima  encarecidamente a la participación en el blog con más enfoques sobre el tema y continuar así el debate hasta la próxima convocatoria, que incluye “cenita”.

Pilar Castañar

Ana tiene un interés especial en tratar este tema porque para ella supone un auténtico conflicto personal llegar a saber cuál es su propia identidad: cómo ella se ve a sí misma, cómo los demás la vemos o cómo es en realidad. Tal vez una mezcla de todo ello.

No tengo claro quién ha ido exponiendo las ideas que voy a apuntar. Empecé tarde a recogerlas y es la primera vez que lo hago. Pido disculpas de antemano si omito ideas expuestas por alguno de los presentes (Lucía, Luis, Ana, Félix, Pilar, Guadalupe y Almudena).

Creo que primero se sugirió que la identidad personal de cada uno se va construyendo con lo que uno es, con lo que las personas que nos rodean (familia, amigos, conocidos…) nos aportan y con las elecciones y decisiones que vamos tomando día a día, con lo que ello supone de tener que decir que no a otras tantas opciones por cada elección que hacemos.

Félix dice que cada uno es lo que hace con lo que le toca: según donde nace, con quien vive, las circunstancias que le acompañan etc.

Pilar habla de la dignidad de la persona como aquella característica más íntima de nuestro ser, de nuestra identidad. Pone el ejemplo de una niña que nace en un lugar tan pobre que para sobrevivir se ve abocada a la prostitución. Se niega a pensar que esa niña tenga una vida menos digna que otra cuya vida se desarrolla en un mundo con circunstancias más favorables.

Félix contesta que él no se atrevería nunca a juzgar ni realizar una valoración sobre la dignidad o falta de dignidad de una persona.

Sin embargo todos consideramos que hay personas que creemos admirables y que nos sirven de ejemplo a seguir. Alguien aporta la idea de que hay personas que son admirables, dignas de admiración, que sirven de ejemplo para quien quiere construir su identidad.

No sé muy bien a partir de qué reflexión, Félix añade que él a sus alumnos (¿de 2º?) les llama “terminales académicos”, les dice que ya han repetido dos veces, que tienen cinco asignaturas suspensas de 1º… y que como sigan así tienen que dejar de estudiar y se les terminan sus posibilidades.

Todos hacemos valoraciones de nosotros mismos y de los demás, con silencios, comportamientos y actitudes, gestos, opiniones,…

Todos tenemos –añade Pilar-, conocimiento de cosas muy íntimas de uno mismo que no nos atreveríamos nunca a mostrar a nadie, y tal vez esa parte más íntima de uno mismo sea esencial de nuestra identidad. Félix le rebate y le dice que nunca podríamos afirmar que en ninguna situación sacaríamos a la luz aquello que consideramos más íntimo de uno mismo.

Guadalupe dice que nos vamos conociendo conforme nos vamos manifestando. No podemos conocer todo lo que somos. Y aunque no queramos terminan aflorando todas aquellas cosas que queremos ocultar.

La gente que nos rodea influye mucho en nuestra identidad. Si tienes la suerte de verte rodeado de gente buena que cree en ti, es posible que aunque tú no seas bueno termines siendo mejor gracias a esa ayuda porque ellos creen que puedes llegar a serlo.

El efecto Pigmalión no está demostrado en la Enseñanza. Las expectativas del profesor puestas en el alumno, no está demostrado que causen el efecto pretendido en aquél y en su actitud. Pero sí es cierto que la mirada de los otros te puede cambiar.

Almudena

Partiendo de la lectura de un texto de Unamuno y otro de Jügen Moltman se realizaron varias preguntas que acordamos responder a lo largo de la sesión: ¿Quién soy yo? ¿Podemos saber quiénes somos? ¿Existe un Tomás real? ¿Nos descubrimos o nos hacemos? ¿Cómo nos condicionan las expectativas?

Sin embargo, a pesar de las pretensiones iniciales, la sesión se dedicó a dar una respuesta a primera la pregunta.

Pues bien; ¿Quién soy yo? Soy mis pensamientos, mis acciones, es decir, la forma de comportarme, lo que siento, las relaciones que establezco, las expectativas que los demás lanzan sobre mí o las que uno mismo se impone alcanzar. También soy mis circunstancias, el marco histórico, social o cultural en el que nacemos y crecemos, el cual influye en la forma en que nos vamos construyendo. Con respecto a qué sea circunstancia, dos posiciones chocaron: Por una parte la mayoría admitió que las circunstancias son algo externo, lo que nos rodea o circunda, pero llega un momento en que integro una parte de lo que está fuera y pasa a formar parte de mí, de forma que al vivirlas dejan de ser circunstancias y pasan a ser otra cosa (¿tal vez vivencias? ¿Experiencias?). Pero por otra se defendió que las ideas y las creencias sobre el mundo forman parte también del significado de circunstancia, por lo que tal concepto no se referiría solamente al ámbito externo que nos influye.

De cualquier modo todos estábamos de acuerdo en que las circunstancias poseen un gran peso a la hora de configurar nuestra identidad personal.

Se objetó que hay personas que viven circunstancias similares pero llegan a ser personas totalmente diferentes aun cuando han vivido en lugares o culturas similares, por lo que si las circunstancias fueran tan importantes todos los que comparten circunstancias serían iguales. Pero de la ausencia de tal igualdad entre las personas se deriva que las circunstancias de cada uno son distintas, no hay dos circunstancias iguales, dado que cada uno posee una vivencia distinta de la realidad en que viven.

Parece que las circunstancias influyen a la hora de configurar la identidad, pero vemos que ya desde niños contamos con un temperamento que nos lleva a enfrentarnos con las cosas de forma distinta al resto de personas. Este rasgo innato que nos hace reaccionar de forma distinta ante los problemas de la vida, también forma parte de mi identidad.

Todos estos rasgos forman parte de lo que somos, sin embargo nuestro moderador, Félix, nos lanzó una pregunta: ¿es posible establecer una jerarquía entre ellos? Una de las respuestas que se dieron es que las circunstancias forman parte de lo que somos, pero su influencia depende de cada persona. De igual modo, no es posible establecer una jerarquía, un criterio universal que confiera prioridad o importancia a unos elementos en detrimento de otros. Cada uno se identifica con un elemento, por lo que la jerarquía es distinta según la establezca una u otra persona.

Otra de las respuestas a la posibilidad de jerarquizar fue situar en uno de los primeros lugares de la lista al reconocimiento de uno mismo por parte de los demás, es decir, al hecho de que los demás te reconozcan como una persona que desde niño posee unas necesidades que han de ser colmadas por aquellos que previamente lo han reconocido. Este acto de reconocimiento es fundamental para la constitución de la identidad.

Así mismo, no todas las circunstancias son igualmente influyentes. Por ejemplo, si alguien que no te importa piensa mal de ti, influye menos que si una persona cercana posee esa imagen negativa. Sin embargo, los roles que la gente adopta y en los cuales nos vamos encasillando sí que nos influyen bastante, aunque esto también depende de la vulnerabilidad de cada uno.

La pregunta sobre quién soy yo nos llevó a pensar si hay un ser oculto que vamos descubriendo con el paso del tiempo, de forma que esto nos llevaría a pensar que en lugar de ir construyéndonos y haciéndonos vamos descubriendo ese ser latente que se esconde debajo de nuestras múltiples máscaras o capas. Luego si queremos saber quiénes somos hemos de tratar de ver lo esencial en lo aparente, ver más allá. Y aquí se insertó el problema sobre si hay un ser real más allá de las distintas imágenes que nosotros mismos y los demás proyectan. Pero este es ya otro tema que recuperaremos en la siguiente sesión.

Los resúmenes, a veces, hacen hasta dudar si uno estuvo en “aquella” reunión. Lo que se recoge en el resumen responde a la selección particular del que escribe guiado por sus propias necesidades, creencias, intereses, posibilidades para interpretar aquello de lo que se habla. Una misma realidad. Interpretaciones varias, seguramente tantas como asistentes se acercan a la reunión.

La realidad fue que Elena llevó tarta de queso cuyo sabor no respondía a las expectativas de tarta que, parece ser, los allí presentes teníamos. No es que fuera una tarta extravagante, no, simplemente no respondía a ese sabor dulce que uno espera encontrar cuando paladea un postre con nombre de tarta. La realidad es que la tarta estaba buena. Diferente, sí. Luis fue nuestro moderador y lo hizo tan estupendamente como puede hacerlo Luis en día de estreno de “cargo”.

¿ Qué se define por realidad?, ¿existe una realidad única, esencial, “objetiva-ble”?, ¿existe alguien, privilegiado, que pueda conocer la esencia de la realidad?, ¿estamos todos en la misma realidad?, ¿existen tantas realidades como personas?, ¿qué es interpretar la realidad?, ¿niveles o gradaciones de realidad, de interpretaciones de la realidad?, ¿es realidad todo lo que existe, aunque no sea perceptible?.

Simple va a ser el resumen. Bien simple.

  • Existe una sola realidad y muchas formas de relacionarse con ella.
  • La realidad es aquello que existe, incluidas las emociones, los sentimientos.
  • La realidad se resiste a los deseos, a la arbitrariedad, siempre compleja , susceptible a múltiples interpretaciones .
  • Realidad implica relación, la que mantenemos con aquello de lo que hablamos.
  • Realidad es hablar de interacción, de intersubjetividad.
  • La manera de relacionarnos con lo próximo, de acercarnos a ello, abre un abanico de posibilidades de comprensión de la misma.
  • Nos acercamos a la realidad única, universal e inmutable y la interpretamos. Interpretar la realidad supone enriquecerla, desde lo individual, desde lo colectivo.
  • Distintas dimensiones de realidad(fisiológica, biológica, cultural, psicológica). Hablar de dimensiones de realidad no implica jerarquizar grados de relación con la misma ni grados de perfección de la misma, por ser una, esencial , inmutable, genuina
  • Interpretar la realidad exige alejamiento de la ocurrencia, del gusto, de la opinión, del capricho.
  • Interpretar la realidad hace necesario concretar criterios que determinan esa interpretación.
  • Aprendemos códigos para interpretar la realidad, códigos de interpretación compartidos por pertenecer a una misma época, a una misma cultural.
  • Interpretación de la realidad como ejercicio de reflexión, de comprensión de la misma. Este ejercicio es complejo y responde a múltiples y variadas condiciones y situaciones personales y sociales.
  • Se hace necesario interpretar la realidad en el marco de paradigmas explicativos y coherentes.
  • Paradigmas de interpretación de la realidad que se modifican, no permanecen estables. La capacidad crítica con relación a lo dado, a lo conocido, es elemento imprescindible para generar cambios.
  • La realidad única, compartida, exige llegar a acuerdos, a coordinar intersubjetividades,que hagan posible una convivencia razonable en la misma y con la misma.

Posiblemente, los que estuvisteis en la reunión, llegasteis a otras conclusiones. Bien estaría que se complementara este breve resumen.

Terminó la reunión haciendo propuesta para la siguiente. “Los tres Juanes y los tres Tomases” será el texto de referencia -lo propuso Juan Carlos para reflexionar sobre la que ahora se resume-. De momento, la próxima va sin nombre. Tiempo hay de buscarle uno.

Guadalupe.

Parece ser que hay un dicho, bien conocido por nuestro excelente facilitador, que manifiesta que practicando dilemas morales se consigue el desarrollo moral y … vamos a por ello

Un dilema moral es una narración breve, a modo de historia, en la que se plantea una situación posible en el ámbito de la realidad pero conflictiva a nivel moral, y se solicita de los oyentes o bien una solución razonada del conflicto o un análisis de la solución elegida por el sujeto protagonista de la historia. Y … se presenta como una disyuntiva en la que existen dos opciones , y nada más que dos opciones, siendo ambas igualmente factibles y defendibles.

Siguiendo esa definición de dilema, la disyuntiva que se plantea en esta ocasión es la de alimentar o dejar de alimentar a nuestra protagonista, una mujer en coma desde hace 16 años. No parece fácil poner orden en la mesa. Se entremezclan diferentes casos y diferentes disyuntivas y se introducen criterios de reflexión tales como el del grado de crueldad a la hora de decidir si se deja de alimentar o se mantiene la alimentación a nuestra protagonista, llegando a considerarse criterios comparativos de crueldad con otros procedimientos utilizados a lo largo de la historia en momentos cruciales en los que se cierran grifos que rompen la conexión artificial de la persona a la vida, tales como cerrar el grifo del respirador en aquellos pacientes cuyas vidas dependan del oxígeno que les suministra una máquina. Creo recordar, si no es así estará bien se me corrija, se consideraba que la alimentación es un proceso menos mecánico que la respiración y que supone , desde el comienzo de nuestras vidas, la participación de otros y … de ahí ese carácter de mayor crueldad que algunos le asignan frente a otros procedimientos que dan fin a la vida de alguien. Para otros ,la crueldad dependerá del periodo de tiempo en el que se prolonga la espera para que esa vida se apague y … retirar el oxígeno sería menos cruel, siguiendo este criterio, pues la espera sería breve. En otros casos no se cree que exista diferencia. El enfermo depende de tercera o terceras personas y negar el oxígeno ó negar la alimentación supone retirar el apoyo imprescindible para seguir viviendo.

Se pasó de largo ante la distinción entre la retirada de alimentación y la retirada de tratamiento terapéutico. Matices sí parece que les diferencien aunque no fueron objeto de nuestro análisis.

Y …. nos centramos … dejar de alimentarla, pero … ¿quién tiene autoridad para tomar esa decisión?. Automáticamente se coloca en el tapete que son los padres (entiéndase tutores) quienes tienen el derecho y la responsabilidad de decidir, pues ellos son los primeros responsables de la vida de sus hijos ,,, eso les exige el deber y la responsabilidad de garantizarles una vida digna y , en su caso, una muerte digna. Rápidamente caen argumentos y ejemplos que hacen plausible lo endeble de semejante argumento. Se hace referencia a los Testigos de Jehová. Parece ser que entre sus creencias religiosas se mantiene la necesidad de que no se realicen transfusiones de sangre, ni en casos extremos , pues se perdería el derecho a una posterior vida eterna digna y … en semejante supuesto, en el que respetar las creencias religiosas de los padres Testigos de Jehová supondría dar al traste con la vida de su hijo ¿podría seguir considerándose universalmente válida esa autoridad de los padres para tomar la decisión?¿las creencias religiosas, en el caso de los testigos de jehová, de los padres pueden imponerse al garantizar la vida terrenal de su propio hijo?… y … se vuelve a ejemplificar con el caso de una mujer en coma irreversible , embarazada . La abuela del bebé, es decir, la madre de la mujer en coma, parece ser que solicita poner fin a esa gestación por no sentir o necesitar o desear la responsabilidad de criar a esa criatura que sigue creciendo en el vientre de su madre, aunque ésta se mantenga en estado de coma. Impresiona que los intereses de los tres protagonistas (mamá, bebé y abuela) son diferentes . Es el juez, finalmente, quien optó por solicitar tres abogados para reivindicar los derechos, intereses y necesidades de cada uno de los implicados.

Volvemos a nuestro caso. Si es el juez quien autoriza al padre… ya no existe una única decisión, son dos…la del juez y la del padre. Es evidente que un juez únicamente debería regirse por argumentos terrenales. Asuntos relativos a la vida eterna no parece que podrían ser considerados criterios de “reflexión” judicial. Pero … el juez es la persona que vigila el cumplimiento de la ley. Podría decirse que el juez se limita a garantizar que la ley se cumpla. Ahora bien, el juez no elabora la ley. Son los legisladores.¿qué pasa si la ley es confesional?. ¿Podemos considerar que las leyes respetan realmente los derechos, deberes y necesidades de aquellos a los que hacen referencia? …¿ podrían presentarse otros supuestos?, véase el caso de aquellos países en los que, por razones religiosas, el aborto no está permitido.

Claro que existen otros elementos a considerar. En nuestro dilema existen también criterios médicos que pudieran ejercer algún papel en esa toma de consciencia de la situación y finalmente … en la toma de decisiones.

Entiendo que llegamos al acuerdo de que los derechos de nuestra protagonista deben primarse sobre los derechos de su padre (u otros interesasados)y que eso quedaría garantizado con la existencia de variedad de criterios.

Claro que … ¿es la nuestra una discusión moral o es una discusión legal?. Mantenerse en estado de coma irreversible, desde un punto de vista médico, ¿garantiza que no exista realmente reversibilidad? ¿qué es eso de vivir en coma? Pero si no existe consciencia, …, ¿existe una vida realmente digna ¿ ¿qué es eso de vivir dignamente? Y … ¿qué es calidad de vida?¿qué es ser un vegetal? ¿Acaso alguien que ha pasado por ese trance , nos ha descrito qué se siente, qué se piensa? … pero, si no son conscientes de nada y … eso ¿quién lo ha dicho?.

Vaya a ser que no teníamos suficiente cuando salta dando brincos sobre la mesa entre las monísimas tacitas de café y el delicioso Browni otra afirmación . Las cuestiones de vida o muerte no sean elegibles. Se vive mientras se vive. Y … alguien lo asocia con el suicidio y comenta que legislar sobre cuestiones de suicidio parece ser que es estúpido. “pues la vida no es un don elegible”. Toda asistenta al mismo podría ser condenable. Va a la cárcel el que ayuda o no lo impide .

Y …. sería importante probar que el enfermo no quiere seguir viviendo pero … nos vamos de la cuestión. “ Un testamento vital firmado no es recurso que garantice que se está materializando la decisión del enfermo puesto que puede modificarla en el último instante, con lo que un testamento vital no garantizaría que se cumpliera su decisión final y última .

Ahora bien … ¿qué habría que tenerse en cuenta a la hora de tomar la decisión?. ¿Debería existir un tope de gasto por persona a partir del que se retirarían los auxilios artificiales que mantienen la conexión a la vida del enfermo?

Y … en esto estábamos cuando Sofía apareció por la puerta. Elegante y discretamente nos apartó a todos de la mesa y … nos colocó en la tesitura de dirigir una buena miradita a la vida que crece con garbo, gracia y … parece ser que con genio.

Un abrazo a todos.

Guadalupe.

Después de ver los veinticinco primeros minutos de la película V de Vendetta, seleccionada por Federico (facilitador de la sesión), se formularon las siguientes preguntas para la reflexión:

LUCÍA: ¿Para que se produzca la manipulación hace falta que haya dos partes?

LUIS: ¿Conseguir la seguridad resta libertad? ¿Todas las relaciones humanas tienen un componente de manipulación

ALMUDENA: ¿Cómo influye el miedo en la manipulación?

ALEJANDRO: ¿Es fácil saber si te están manipulando?

LUIS C.: ¿Qué es la manipulación? ¿En qué consiste y qué elementos tenemos para reconocerla?

Después de hacer una breve clarificación de cada una de las preguntas, se eligió la pregunta de Luis C. para comenzar el diálogo, pues se entendió que era una pregunta central que englobaba a las demás.

Lucía comienza exponiendo que se podía distinguir la manipulación por la INTENCIÓN de aquel que la estuviera llevando a cabo. Sin embargo, Luis C. señala la siguiente objeción: ¿es posible no tener intención? Es decir, ¿no sería todo una manipulación ya que todo lo que se dice es intencional? Y para ilustrarlo pone el siguiente ejemplo: se produce un accidente de tráfico y hay dos testigos con dos versiones distintas de dicho accidente. ¿No están los dos manipulando la realidad?

Ante esta objeción, Lucía matiza su postura y afirma que el que manipula tiene una intención de provocar algo en el otro, y Alejandro añade que además esa intención busca dirigir al otro hacia el propio interés del que manipula.

Después de esta matización, Federico planta si, en la película, el protagonista, V, no está manipulando, a lo que Lucía, Alejandro, Luis y Almudena contestan que no, ya que el protagonista invita a los demás a pensar, pero no les obliga a nada. Sin embargo, Luis C. sostiene que el protagonista tenía un propósito y un interés, y siempre que hay interés hay manipulación. Como todo discurso es intencional, todo es una manipulación. Dada esa afirmación, Federico pregunta si lo que estábamos haciendo en ese momento, es decir, dialogar juntos, no sería también una manipulación, a lo que Almudena contesta que no, ya que establece que un componente fundamental de la manipulación es la coacción y el diálogo se caracteriza por la libertad (estábamos allí porque queríamos y podíamos expresarnos sin coacción alguna). Alejandro añade, para reforzar la tesis de que en el diálogo no se manipula a pesar de que haya intencionalidad, que otro componente de la manipulación es el engaño y la imposición de ideas.

En ese momento, Luis C. planta el siguiente problema: si admitimos que la coacción es una forma de violencia (cosa que sí se admitió), ¿no está V coaccionando ya que utiliza la violencia para llevar a cabo su objetivo? ¿Qué es lo que le haría diferente del gobierno (en la película), que es el que manipula al pueblo? Lucía contesta que el tipo de violencia que utiliza V es distinta a la del gobierno. Ésta última para Lucía es más sutil. Alejandro añade que la violencia que manipula es la que se ejerce sobre las ideas. Luis, además, entiende que la explosión del Parlamento que provoca V no es violencia, sino más bien un acto simbólico que expresa la ruptura con la justicia corrompida. Pero Luis C. objeta lo siguiente: ¿quejarse de la manipulación con la violencia no es igual que fomentarla? Y Lucía, contestando a Luis C., pregunta: ¿es una manipulación promover que las personas piensen por sí mismas? Pues entiende que esta es la pretensión de V.

En este momento y para reconducir el diálogo, Federico pregunta qué diferencia hay entonces entre la intención y la manipulación, y Luis añade en forma de pregunta: ¿una cosa es la intención y otra la manipulación? Lucía es la primera en contestar diciendo que una cosa es afirmar algo (“Todas las Lucías deben morir”) y otra manipular, que Alejandro añade que consistiría en convencer a los demás de que se debe matar a todas las Lucías.

A continuación Federico plantea un nuevo problema: ¿no es la educación una manipulación? Y Luis C. añade la siguiente pregunta relacionada con este problema: ¿habría una manipulación “buena” y otra “mala”? Pone como ejemplo los diálogos socráticos, en los que Sócrates dirige a su interlocutor hasta que éste llega a una conclusión. ¿Pero realmente Sócrates sabe ya de antemano la conclusión a la que tiene que llegar su interlocutor? Luis C. concluye diciendo que para que haya manipulación tiene que haber consciencia, con lo que Lucía está de acuerdo, pero no así Luis, que objeta planteando el siguiente ejemplo: ¿si no eres consciente de que asesinas, no eres asesino? A lo que Luis C. contesta que no, ya que si uno fuera consciente de lo que supone asesinar, no lo haría.

Para reconducir de nuevo el diálogo, Federico vuelve a retomar la pregunta inicial: entonces, ¿qué elementos tiene la manipulación? Y entre todos se hace una recapitulación en función de lo dicho, donde los elementos de la manipulación serían la coacción, la violencia, el engaño y la censura de las ideas. Es entonces cuando Luis C. cuestiona que los elementos de la manipulación sólo sean malos. Alejandro contesta afirmando que si no, no habría manipulación ya que la manipulación se distingue por el cómo se haga, no por el fin que se persiga. Pero Federico, objeta con un ejemplo: si tu fin es mantener el poder y utilizas el chantaje positivo (medio positivo), ¿no estás manipulando?

A continuación se vuelve a plantear el problema de si en la actividad del diálogo filosófico hay o no manipulación. Lucía contesta diciendo que si dos personas hablan y se otorgan un espacio de libertad mutuamente, no hay manipulación. De alguna forma se elimina el fin, por tanto, no existe manipulación. Luis C. está de acuerdo y también afirma que si no se persigue un fin utilitarista, no hay manipulación. Por tanto, dialogando no manipulamos.

En ese momento Luis plantea un nuevo problema que a penas da tiempo a tratar: ¿es subjetiva la manipulación? ¿Depende de quién reciba el mensaje y cómo lo interprete? Luis pone el ejemplo de las cámaras de seguridad que hay instaladas en las calles. Para muchos viandantes estas cámaras no afectan a su intimidad, por tanto entienden que no hay manipulación. Pero para otros, sí, por tanto sí habría manipulación. Lucía plantea, entonces, la siguiente pregunta que no se llega a contestar: ¿una persona que no es consciente de que está manipulada, lo está realmente?

Como conclusión del diálogo, Lucía plantea que quien se cree estar en posesión de la verdad, manipula y Federico añade que quien busca la verdad, no manipula. Es decir, la posesión de la verdad implicaría imposición y, por tanto, manipulación; y la búsqueda de la verdad implicaría apertura, libertad y, por tanto, no manipulación.

 

Noviembre 2009
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