Comienza la discusión:

Juan Carlos: parte de la afirmación de Tolstoy sobre que las obras de arte deben transmitir valores morales. Además, el comparte esta opinión. (Ante esta premisa tan contundente aparecen dos respuestas la de Almudena y Pilar)

Almudena: (introduce el tema del relativismo) explica que la moralidad presenta siempre un enorme grado de subjetividad sobre todo en el arte, este punto es aclarado por Félix que específica que esta ya aparece en las múltiples interpretaciones que pueden hacerse de la biblia.

Pilar: Aclara que muchas obras de arte en absoluto transmiten valores, ni moralidad alguna, pues lo único que pretenden es agradar, sin tener mayor pretensión que la de mostrar emociones, o agradar. Explica que es más fácil hablar de valores morales en la literatura (en concreto con las novelas de denuncia). La opinión de Pilar contradice la premisa de Juan Carlos sobre que las obras de arte, deben de tener un componente moral.

Después en la tertulia aparece el tema de la relación entre la vida de los artistas y sus obras, es la intervención de Adolfo, quien nos hace reflexionar sobre la vidas en ocasiones retorcidas, siniestras y carentes de moral de algunos artistas y sus magnificas obras. Idea reforzada con la intervención de Juan Carlos Lago, quien nombra la figura de Cela.

A continuación Charo plantea la pregunta directamente: ¿pueden tener valor estético las obras de aquellos artistas cuyas vidas han sido inmorales? Charo concluye una vez planteada la pregunta de que para que una obra de arte sea valiosa como obra de arte esta tiene obligatoriamente que ser moral.

De repente la tertulia se va hacia derroteros de vidas ajenas, y Felix nuestro moderador interviene para centrar el tema y nos pregunta directamente sobre qué queremos discutir, si es sobre la moral de los artistas o es sobre los valores concretos de las obras de arte. Nos propone reflexionar sobre los valores que genera la propia obra de arte. Menciona el contrasentido que para el tienen obras como las pirámides o el palacio real en donde el poder, la barbarie, las hace realmente desmerecer.

Ante esta reflexión Juan Carlos, se pregunta si es posible realizar esta separación entre la vida de los artistas con sus valores, creencias, inquietudes y sus creaciones artísticas. Entraríamos en el problema entre la coherencia entre sus vida, y sus creaciones. Pilar nombra a Rousseau, como otro ejemplo de artista cuya vida no fue ejemplar, pero tuvo una espléndida obra. Inmediatamente Félix aclara que siempre es posible realizar esta disociación entre vida- obra, o valores morales de la obra de arte y su valor estético.

Almudena: vuelve a insistir en que el contenido de los valores, es de alguna forma subjetivo e independiente de las intenciones creativas del artista. Cuando apreciamos una obra de arte, cada persona percibe, siente y piensa cosas muy diferentes.

En el debate se hace un breve paréntesis para intentar centrarnos en lo qué es una obra de arte.

Pilar: Señala que las grandes obras como pueden ser las pirámides, y que Félix ve como un arte de la “barbarie”, “alegato del poder”, y para quien no constituiría arte con mayusculas no lo era así para los obreros-artesanos que trabajan en dichas obras arquitectónicas ya que aunque explotados y maltratados pensaban que lo que hacían era bello, extraordinario, y estaban realizando autenticas obras artísticas.

Charo: Nos pregunta si es una obra de arte “la silla eléctrica” de wharhol.

Ante esta pregunta tan directa y contundente aparecen dos respuestas: por un lado Pilar quien afirma que si es una obra de arte, ya que transmite emociones manteniendo la opinión ya expuesta al principio del debate y por otro lado la opinión de Félix quien matiza que para que una obra de arte tenga un 10 como obra de arte debe reunir los requisitos de bello y bueno. Nos pone como ejemplos lo que para el sería el arte de lo “perverso” como el Vaticano, o las mismas catedrales. (para Félix las obras directamente vinculadas al poder, pierden puntos, son menos arte, o un arte inmoral..)

Esta afirmación tajante de Félix es inmediatamente cuestionado por Charo, quien pregunta directamente a los tertulianos:

Charo: ¿por qué tiene que tener una obra de arte bondad?

Ahora interviene Juan Carlos sobre la intervención que ha hecho Félix, analiza que en la época franquista surgieron muchos grupos de música protesta, cargados de ideología libertaria que defendían los derechos humanos, la democracia y que podrían tener una puntuación 10 en valores, pero que sin embargo a nivel artístico eran realmente malos. Incluso pone el ejemplo de la canción “al alba” que cuando explica a los alumnos el significado de la canción, los alumnos ponen en entredicho incluso los valores de la canción, por lo que habría que explicar que valores son los que todos aceptamos, y como estos a lo largo del tiempo pueden cambiar.

Volviendo al tema del debate sobre si las obras de arte deben transmitir valores, interviene Pilar para explicar que para ella en las obras pictóricas no se apreciaría la bondad, pero si en la literatura. Esta opinión es contradicha por Juan Carlos quien explica que si que hay obras pictóricas que le transmiten agresividad, y valores negativos.

Después interviene Félix para explicar que muchas veces los artistas son plenamente conscientes del contenido de los valores de sus obras, y de como estos pueden ser utilizados, poniendo el ejemplo de Beethoven, quien dedica su tercera sinfonía “la heroica” a Napoleón, dedicatoria que posteriormente destruye cuando se entera de su coronación como emperador.

Adolfo precisa que no todas las obras están en el mismo nivel respecto a su carga de valores, y luego Toñi cita una obra emblemática a modo de lluvia de ideas “el valle de los caidos. ”Ante este tipo de obras la respuesta de Félix es contundente, para el existen dos tipos de obras de arte, las que obtienen una puntuación 10 explicado anteriormente (morales + estéticamente perfectas), y la obras de arte que responden al poder establecido. Cita como ejemplos obras de Velazquez que para el, son mejores y más completas, como por ejemplo “la fragua de Vulcano ”o aquellas en las que aparecen enanos y deformados con gran dignidad y humanidad. También nombra a Dostoivesky a quien admira especialmente.

Ante la intervención de Félix, inmediatamente Pilar explica que las “meninas” es al margen del poder, y la ideología una grandiosa y maravillosa obra de arte (atmosfera, perspectivas, psicología de sus personajes…) A continuación Juan Carlos interviene para hacer dos preguntas importantes:

1. ¿qué entendemos por ideología?

2.¿se puede separar la ideología en las obras de arte?

Respecto a la primera pregunta, Félix aclara que por ideología se refiere más a valores morales, y nombra las películas de Alejandro Amenámar“ (“ágora” o “mar adentro”) en donde se defienden los valores que interesan al director

Siguiendo con el tema de las “ideologías” en las obras de arte, e intentando contestar a la segunda pregunta Juan Carlos interviene para señalar que para el, una obra puede ser espléndida formalmente pero si descubre que el artista, carece de valores, el valor artístico de la obra de arte termina perdiendo. Ante esta opinión, Pilar nombra obras de Velázquez, donde clarísimamente al servicio del poder “las meninas”, “el licenciado don pablo” y otras sin embargo mucho más humanas, estableciéndose entonces distintas escalas en cuanto a términos de valores, después pasa a describir los valores que posee “las meninas “ como obra artística. A continuación Juan Carlos vuelve a intervenir para dejar claro que nunca dejamos de interpretar.

Ante esta segunda cuestión de si realmente se puede separar la ideología de la propia obra de arte, Adolfo y Félix contestan que si es posible esta separación. Félix nos pone como ejemplo el de un estupendo periodista, Jaime Cazcarrin que trabajaba para el ABC y Adolfo señala que es incluso es más fácil realizar esta separación en la actualidad con artistas actuales, que con los artistas antiguos, y nombra la obra de Mario Vargas Llosa, incluso explica que en la actualidad somos libres para comprar, disfrutar, y consumir el arte que queramos.

Pilar esta de acuerdo en que es posible esta separación pero considera necesario que hay que saber lo que hay detrás de cada obra de artística

Después Almudena centra el debate y vuelve a insistir en la idea central de este en que una obra de arte para ser obra de arte debe serlo por sus aspectos formales y por sus valores morales. (coincidiendo con Félix)

Ante esta intervención Félix concluye que hay arte que no tiene ningún tipo de valores, que es degenerativo y cruel. Sin embargo Juan Carlos cita el ejemplo de las obras musicales dodecafónicas en donde los valores morales no aparecerían, o el caso de la pintura expresionista. Sin embargo Félix cree que Juan Carlos esta equivocado, pues incluso todas estas obras, donde lo formal es lo más evidente, si indagásemos en su contenido, información, intencionalidad, podríamos llegar a los aspectos morales. Y como conclusión afirma que toda obra siempre esta cargada de moralidad.

Ante esta conclusión tan contundente Toñi pregunta a los asistentes : ¿para apreciar una obra de arte hay que tener información?

Esta pregunta genero una gran polémica, pues para Pilar si aceptamos esta premisa implicaría que el arte se convertiría en algo elitista.

· Límites que genera una enfermedad: esto sugirió distinguir entre límite y limitación. Se propuso que  límites los puede haber buenos o malos, pero que las limitaciones siempre se entienden en un sentido negativo.
· Los límites como fronteras: los límites son aquello que separa una cosa respecto de otra. Un ejemplo pueden ser las normas, que separan lo que se debe de lo que no.
· Hay límites positivos: como pueden ser aquellos límites que nos imponemos los sujetos libres.
· Se discutió si las limitaciones, físicas por ejemplo, son pensadas como tales, como límites, en función de una realidad objetiva, según la propia percepción del sujeto o según una medida impuesta socialmente. Se trataron diversos ejemplos: personas con síndrome de down, personas con enfermedades graves contraídas, personas ciegas de nacimiento, personas que pierden la vista, etc. Se debatió si todas estas enfermedades o dificultades son en sí mismas limitaciones o si pueden, por el contrario, ser pensadas de otro modo.
· La muerte, la vejez o la infancia: se puso en discusión si son o no limitaciones, y en qué sentido. Los tres ejemplos presentan carencias respecto de una vida humana “normal” plena, y por ello se defendió considerarlos estados “limitados”.
· Los límites que nos imponen desde fuera y dificultan nuestra acción: éstos vendrían a ser limitaciones de carácter psicológico. Se puso el ejemplo de cuando queremos hacer algo y nuestro entorno nos incita a dejarlo por parecer imposible, aunque en mucho casos se demuestra lo contrario

RESUMEN DE LA SESIÓN DEL 2 DE ABRIL 2011 DEL GRUPO DE PROFUNDIZACIÓN DE FPN

Estuvimos un buen rato proponiendo posibles preguntas para discutir. Así se planteó para qué sirve tanto esfuerzo del ser humano para construirse y para trabajar ante los desastres que nos llegan y ante la contingencia que nos caracteriza. Otra cuestión que se sugirió, pero para debatirla en otro momento, es si es justo el arte o si hay relación entre arte y moral, o, en otros términos, si el saber que una obra de arte es el producto del sufrimiento humano puede dificultarte el disfrutar de esa obra o si no hay contradicción en disfrutar de ella sabiendo lo que ha supuesto el crearla. También se planteó la cuestión de la situación de violencia en Libia y la intervención desde occidente. Y también el sentido que tiene el pasarse toda la semana trabajando, o si no es un sinsentido consumirnos trabajando para sobrevivir en vez de vivir y de trabajar para poder vivir.

Decidimos empezar por la primera, centrándonos no tanto en el aspecto personal o individual, es decir, por qué o cómo somos capaces de afrontar nuestra fragilidad y contingencia ante los reveses de la vida, como en el aspecto macro, en por qué y cómo el ser humano sigue levantándose tras una tragedia como la ocurrida en Japón, cómo sigue luchando y reconstruyendo su vida sabiendo que es incapaz de controlar a la naturaleza y que, en cualquier momento, puede ésta sorprenderle con una destrucción masiva, con una tragedia brutal.

Erika cree que en esta cuestión lo que se plantea es el propio sentido de la vida, pues, sabiendo que la vida es finita y se va a acabar, ¿tiene sentido el luchar y el esforzarse? Lo que genera ciertas dudas como las planteadas por Pilar sobre si sabemos cuál es el final o la de Félix sobre si de lo que habla Erika es de un final o un tránsito a otra realidad, a otro mundo. Esto nos llevo a discutir sobre si la vida tiene valor en sí misma porque es lo único que tenemos o con  lo que podemos contar, o si es un camino transitorio, una antesala a la verdadera vida y si las diferentes respuestas a este dilema ya clásico implicarían actitudes distintas ante el problema planteado inicialmente. Así, por ejemplo Luís plantea que depende del sentido que demos a la vida y lo que nos permite darle sentido, es decir, ser felices, por ejemplo, y retomando la cuestión del arte, plantea que si el arte es lo que te hace feliz no habría contradicción en disfrutar del arte a pesar de saber que es a costa del sufrimiento de los demás. Por ello plantea que depende de lo que sea o lo que la persona piense que le hace feliz.   Pilar recuerda que el planteamiento no es desde la persona individualmente, sino desde una sociedad. A pesar de ello se vuelve a la cuestión del sentido personal y por ejemplo, Almudena cree que es importante tener claro que el ser humano sabe que tiene que morir y lo importante es que hasta que nos llegue la hora procuremos aprovechar lo mejor nuestra propia vida, pero no solamente para nosotros personalmente sino también por los demás, por ello para ella es importante la cuestión de cómo morimos, cómo afrontamos la muerte. A lo que Félix cuestiona planteándose si depende del tipo de muerte, de si hay muertes con “sentido” porque eran previsibles o esperadas y por lo tanto no nos sorprenden o confrontan con lo imprevisible, mientras que hay otras que muestran la fragilidad del ser humano y la contingencia de la vida. Y se aduce el ejemplo de los japoneses que, a pesar de contar con una tecnología punta y ser una sociedad previsora y desarrollada, no pudo controlar a la naturaleza y evitar el desastre, y ante esto surge de nuevo la cuestión: ¿por qué hacemos tantos esfuerzos, planes, proyectos si no podemos asegurar que se van a poder llevar a buen puerto? ¿qué sentido tiene plantearnos el futuro si éste es incierto y nunca podemos controlar completamente el devenir de los acontecimientos? Para Luís la cuestión fundamental es la actitud que tengamos ante estos acontecimientos, la manera de responder. A lo que Toñi plantea que dado que estamos de paso lo que hay que intentar es aprovechar cada momento y vivir cada día, posición que, en cierto sentido, coincide con la planteada por Erika al defender el “Carpe Diem” o aprovecha el momento. Esto llevó a discutir sobre el sentido del “Carpe Diem”, si se trata de un vive el presente sin agobiarte por el mañana o si se trata de vivir plenamente cada instante pero sin que ello suponga el despreocuparte por el futuro o no hacer planes.

Erika, además, introdujo otro criterio para intentar entender la respuesta de la sociedad japonesa ante el desastre: las diferencias culturales. Toda esta discusión que estamos realizando tiene un sentido distinto si lo planteamos desde occidente, donde nos cuestionamos por el sentido de la vida, que desde allá, donde hay mucha resignación y aceptación. Parece que la cuestión gira en torno a que, ante la fragilidad y la contingencia, la respuesta sería resignarse y aceptar lo que venga. A esto responde Pilar que preguntarte por el sentido de la vida no tiene por qué llevarte a la pasividad sino que puede llevar a revelarte, a seguir luchando, a darle sentido a la vida e intentar dominar el entorno en que vivimos y Almudena defiende que debemos buscar el sentido de la vida en cada momento que nos toca vivir sin buscar solo mejorar nuestra seguridad física, el desarrollo técnico y demás cuestiones similares sino en pensar otros modos de vivir la vida y tener siempre presente que en cualquier momento pueden ocurrir acontecimientos no previstos. Con respecto a la cuestión del dilema de la pasividad vs actividad Toñi considera que se plantea una falsa distinción, pues todo es actividad, que el “no hacer algo” es un tipo de actividad o de acción de respuesta, pero que lo que siempre ha caracterizado al ser humano es la lucha por la supervivencia, que es el propio motor de la evolución. Y Erika, ante la cuestión de rendirse o seguir luchando, se pregunta ¿Por qué decimos que la batalla está perdida? Si somos todos uno, si somos todos parte del todo natural, el acabar no es más que el curso normal de la vida… y para finalizar, Félix -que estuvo dirigiendo hábilmente la sesión- cerró recordando alguno de las posiciones defendidas y argumentadas, como la posición de Erika del “carpe diem” y el posible sentido de diluirse en el todo que ella plantea, o la reivindicación de lo agónico y conflictivo que plantean Juan Carlos y Pilar como parte esencial en la vida humana o la posición de Toñi de que estamos en este mundo de paso y que la vida tiene sentido si se vive cada momento, posición coincidente con la que estaba defendiendo Almudena.

Al inicio de la sesión se definió medir, como todo aquello que puede cuantificarse de una manera fiable y válida.

A continuación se señalo porque es importante la medida, para  casi todos los ámbitos de conocimiento: psicología, medicina, economía…

Durante todo el debate se mantuvieron dos posturas contradictorias sobre el tema, por un lado quienes consideraban que puede medirse absolutamente todo, y por otro lado quienes consideraban que hay cosas como los sentimientos que no pueden medirse.

El diálogo comienza por la pregunta de si realmente lo subjetivo puede medirse, tal y como puede ocurrir en el arte, y  algunos de los que intervienen en el debate, señalan lo complicado que es llegar a unos criterios óptimos de medida y valoración. Se señala que uno de los criterios más validos para valorar qué es una obra de arte, sería su perdurabilidad en el tiempo.

Otro de los criterios más debatidos fue el de la opinión de la mayoría, como forma de consenso, a la hora de valorar aspectos de la realidad. También se menciona el uso de las estadísticas, como forma de medida, y como con frecuencia estas pueden manipularse de forma ilegítima.

Respecto a lo subjetivo se continua insistiendo en que hay cosas  imposibles de medir, tal como sería en sentido del gusto, ya que por ejemplo, no se podría cuantificar, la cantidad exacta de picante necesaria para causar malestar, satisfacción..

Se insiste desde esta postura, en que es distinto medir que comparar, y si entramos en el terreno de la medida, con el sentido del gusto sería imposible llegar a una medida exacta.

Sin embargo, la otra postura, es decir la que mantiene que todo puede medirse sigue manteniendo que si es posible cuantificar y que se podría incluso encontrar la dosis exacta para matar a alguien con una estupenda dosis de picante.

Desde la postura que defiende que el gusto no puede medirse, se reitera que es imposible determinar con exactitud el grado de satisfacción, agrado o desagrado con el picante, ya que entramos propiamente en el terreno de lo personal. Volviéndose a insistir, desde este supuesto, en la diferencia entre una apreciación y una medida.

Otro aspecto analizado con el tema de la medida fue el de saber que criterios podríamos manejar para medir la santidad, fe, amor, espiritualidad, e incluso la felicidad. Respecto a ésta, se volvió al tema de la subjetividad, en cuanto que la felicidad era algo muy personal y que incluso, nos podrían “vender”el concepto de felicidad, pero desde el punto de vista de los que defienden que todo puede medirse, si puede pensarse, en unos mínimos cuantificables que podría ser la felicidad, para toda la humanidad.

Se señalo también a lo largo del debate que las mismas formas de medida, tal como puede ser el metro, sufre variaciones, que pueden entrañar dificultad en el propio proceso de medida. A lo que se contesta por parte de uno de los participantes que esto no es un hándicap al proceso de medida como tal, y que lo único que se necesitaría serían medidas de adaptación, se menciona incluso el principio de incertidumbre de Heisemberg, donde inexactitud no equivaldría a falta de medida.

Se comenta que la medida forma parte de nuestras vidas pero que ésta se esta convirtiendo, en algo peligroso desde el momento que las grandes compañías intentan medir todo, como forma de ganar más dinero, como por ejemplo, medir que olores son los más adecuados en una tienda para fomentar las ventas, en que franja horaria se habla más por teléfono… y estas mediciones pueden hacer que nos controlen demasiado. Se coincide en el hecho de que las medidas siempre tienen una intencionalidad, al igual que los criterios. De aquí la importancia de estar muy atentos al proceso y métodos empleados en los procesos de evaluación y medida para que dichos procesos sean objetivos y fiables, relacionado con este punto uno de los participantes menciona como puede variar el proceso de medida en el terreno educativo, donde un alumno puede ser bueno o malo, dependiendo de los patrones con los que se le mida, y de aquí se pasa al proyecto “Pisa”, donde las interpretaciónes pueden fácilmente manipularse.

El debate quedo dejo muchas puertas abiertas que por motivos de tiempo no pudieron discutirse como el hecho de medir los motivos, (importantísimo cuando por ejemplo un juez tiene que juzgar a un asesino), que cosas interesa evaluar, (criterios objetivos- intersubjetivos), sabemos valorar (educación)…

No es fácil hacer un resumen de la discusión que tuvimos el viernes día 2, pues fue intensa y duró algo más de dos horas. Sin duda faltarán aportaciones de personas diversas y quizá tenga la tendencia a resaltar lo que yo dije, y dije mucho, pero buscaré la objetividad.

Pilar hizo una buena presentación del tema, recordando lo que ya se había dicho en las cartas previas.  Su planteamiento inicial fue al núcleo del problema: los tabúes son sobre todo prohibiciones que en su momento dieron lugar a las leyes por las que se rigen los seres humanos. Ahora bien, si ya son leyes, ¿siguen siendo tabúes? ¿Siguen existiendo tabúes en la sociedad actual. Félix señaló que no se trata de una sucesión cronológica, pues siempre han existido ambos, tabúes y leyes, continuidad que Pilar acepta, mientras Juan Carlos señala que permanecen tabúes entendidos como aquello que en una sociedad se está mal visto y es condenado, pero sin ser prohibiciones explícitas.

Estas intervenciones iniciales, unida a otra de Adolfo, plantean una cierta dicotomía, que quizá pudiera resolverse con el diccionario que pedía Adolfo. Por un lado, una interpretación amplia de los tabúes, que ve en ellos esas prohibiciones no explícitas que regulan la vida social; un ejemplo era la prohibición de hablar del dinero que se gana en la sociedad canadiense. Ese enfoque le parece adecuado a Almudena. Por otra parte, Félix llama la atención sobre un sentido más restringido del tabú: es lo sagrado, lo que nos viene dado desde fuera imponiendo un límite a nuestro comportamiento que no debemos traspasar.

Aunque la opción es clara y son dos sentidos diferentes, la verdad es que durante la conversación pasamos de uno a otro con cierta facilidad. Igual no es una distinción tan clara. En todo caso hay preguntas que valen para ambos sentidos, una vez que aceptamos que sigue habiendo tabúes en la sociedad actual, más en sentido amplio que en sentido estricto, pero hay ambos. Por ejemplo el tabú del incesto del que hablan Pilar y Lucía, entre otras personas. El incesto sigue produciendo un fuerte rechazo, es además una prohibición legal y eso fue lo que llamó la atención de Pilar sobre este tema: una novela en la que el incesto no era algo mal visto, y eso le provocó una cierta sorpresa.

En todo caso hay que volver al problema. ¿Sigue habiendo tabúes? ¿Por qué persisten? ¿Qué rasgos poseen que les hace ser aceptados  sin una reflexión consciente? Luis adopta una línea de respuesta abierta: hay, y hay muchos. Pilar considera que hay que ser más restrictivos pues si todo es tabú, ya no hay tabúes. Hecha la aclaración, existen tabúes, del mismo modo que existen nuevas formas de aceptar lo sagrado.

Dicho esto, Carmen retoma la exigencia de señalar los rasgos que los definen. Uno de ellos, al que volveremos más veces, es el de proteger a la comunidad. Eso es, según algunos, lo que justifica el incesto: protege la vida familiar y evita la endogamia. Como ejemplo de la persistencia del tabú, Carmen pone el ejemplo una pareja de dos hermanos que descubren que lo son cuando van a hacerse pruebas de fecundidad. Deciden continuar a pesar del descubrimiento de sus vínculos fraternos, hasta que la mujer se entera de que su hermano ya lo sabía. Ocultarle algo tan importante hace que la hermana no quiera ya mantener la relación.

Juan Carlos, para hacer ver esa persistencia de los tabúes, habla de diversas prohibiciones y menciona el Señor de las Moscas. Lucía apunta otra explicación: el tabú, como prohibición, parece más eficaz que la argumentación racional, aunque no sabe por qué es así. Eso le lleva al ejemplo de los problemas que está plantando la manipulación genética, y la clonación humana le parece tan rechazable como el incesto. Ana insiste en la manipulación genética y considera que en este caso la prohibición se impone porque en definitiva se pretende jugar a ser dioses. Pilar entonces llama la atención de que los tabúes pueden tener una dimensión negativa: imponen prohibiciones que impiden el desarrollo de tratamientos beneficiosos. Desde luego la manipulación genética despierta honda preocupación porque pude abrir puertas peligrosas y porque toca lo más profundo de la naturaleza humana.

Carmen y Félix introducen una discusión colateral, interesante pero que no se continúa. Carmen parce asociar la libertad humana con la ausencia de límites, lo que implicaría la ausencia de tabúes. Félix le recuerda que los límites hacen posible la libertad, nunca la coartan. Con alusiones al árbol de la ciencia del bien y el mal, del relato bíblico del paraíso, pasamos a otro aspecto pues Luis, retomando algo que ya había planteado Pilar en una pregunta, vincula el tabú con la esencia del ser humano, algo unido al misterio de nuestra existencia que debe ser aceptado sin comprensión.

Juan Carlos relaciona esta afirmación con otra anterior y hace dos observaciones: los tabúes son útiles y necesarios, pero pueden ser utilizados de diversas maneras, algunas muy represivas. Además, cuando un tabú es asumido conscientemente, deja de ser un tabú y más bien pasa a ser norma de convivencia. Discutir la historia de los tabúes, su genealogía, podría, según Adolfo, ayudarnos a dirimir esa cuestión; por ejemplo, en un mundo superpoblado, la homosexualidad deja de ser una amenaza para la perpetuación de la especie. Por su parte, Lucía considera que no son normas de convivencia, pero que afectan a esas normas. Y en este momento Luis, seguido por Félix, vuelven al enfoque alternativo: los tabúes son generadores de normas, es decir, son más bien la propuesta de un fundamento más allá del alcance humano que proporciona validez moral a las normas sociales. Producto de la convención son las leyes positivas, pero la ley natural, y en su caso la ley eterna, están presentes como algo previo a la convención. Juan Carlos insiste con fuerza: incluso el tabú es producto de la convención, y Félix le recuerda que eso es precisamente lo que se discute y que conceder eso es anular completamente la interpretación que defienden Luis y él mismo. Luis, para apoyar su tesis, insiste: las convicciones religiosas son algo que tenemos y en lo que estamos, a partir de lo cual se fundamenta nuestra conducta.

Pilar ofrece un enfoque distinto de este problema planteando una pregunta: ¿Generan las sociedades religiosas más tabúes? Almudena creo que no es así, mientras que Ana dice que sí, lo cual, dice Félix, no deja de ser tautológico si aceptamos la dimensión religiosa del tabú.  Y por este camino volvemos a un punto anterior de la mano de Lucía: no es cierto que los tabúes sean generadores y legitimadores de valores morales; los ateos, quienes no admiten tabúes, tienen también firmes convicciones morales que les imponen una conducta. En estos momentos, en sociedades en las que sigue habiendo muchas personas religiosas, pero que al mismo tiempo son sociedades muy secularizadas, las convicciones morales se mantienen. Es más, Adolfo considera que en las sociedades no religiosas hacen falta más tabúes precisamente porque han perdido el sentido religioso del tabú, lo que nos lleva de nuevo a la distinción inicial entre los dos sentidos del tabú.

Pilar, con una nueva pregunta, nos conduce otra vez al tema de los rasgos esenciales de los tabúes. Y en este caso exploramos la idea de que, sobre todo, producen rechazo. Félix menciona incluso la palabra asco, pero más bien se mantiene la idea de que lo que provocan es rechazo profundo, algo en lo que insiste Lucía.

La verdad es que la discusión siguió un rato más, pero ya me había cansado de tomar notas y, además, creo que entramos en la etapa de cierre. Y eso dio tiempo a valorar positivamente la actitud de la moderadora y a que Dori, espectadora, hiciera una valoración de la discusión que provocó un ligero conflicto de interpretaciones que no fue a más. Y quedó pendiente cómo deberían ser las reuniones del año próximo y dónde deberían celebrarse. Félix lanzó la idea de pasar a una cafetería y convertirlas en algo abierto a más gente. No llegamos a ninguna conclusión, desgraciadamente. Dijimos que resolveríamos en la cena pero, obviamente, en la cena nos dedicamos a otras cosas. Con dos horas de diálogo filosófico estábamos ya algo saturados. Y un poco más el escriba que tomaba notas y además, según algunas lenguas maledicentes, no paraba de hablar como, insisten esas lenguas, es su costumbre. Espero que esta acta, sin zanjar la acusación anterior, deje por lo menos claro que incluso en el caso de que hable mucho, también escucho mucho. Ya lo decía el refrán español: «Todo el mundo se fija en el vino que bebo y nadie en la sed que paso».

Un cuervo es el protagonista de esta fábula. El animal se acerca a una vieja encina y pregunta: ¿Quién manda aquí? El tronco, extrañado, responde que ahí está todo lleno de vida y nadie manda. El cuervo responde entonces que “en la vida se manda o se obedece”, y se marcha.

Sucesivamente, día tras día, vuelve junto a la encina y va malmetiendo a unas partes contra otras del árbol: a las hojas primero, luego a las raíces hasta que cada parte decide que no quiere seguir trabajando para las demás.

Finalmente una nube gris tapa el campo, la encina se seca y el cuervo instala junto a ella un buzón con un cartel que reza así: “Príncipe de los enredos, rey de la nada”.

Aplausos.

Y comenzamos a hacernos preguntas:

-¿Se puede ser rey de la nada?, ¿hay solo la posibilidad de mandar u obedecer?

-¿Cuántos cuervos conocemos a nuestro alrededor?

-¿En la vida se manda o se obedece?

-¿Para construir un hogar, una ciudad, es necesario destruir la naturaleza?

-¿Es un cuento reaccionario?

-¿La obediencia implica un sometimiento a la voluntad o el mandato de otros?

Félix apunta que en las órdenes religiosas hay voto de obediencia y no por ello están sometidos.

-Juan Carlos aporta la idea de los zapatistas sobre “mandar obedeciendo” que es otra manera de entender la relación entre gobernar y mandar, sin que exista dominación o imposición.

-Si uno elige la obediencia no está sometido por quienes mandan.

-En un contrato de trabajo, ¿estamos sometidos a los dictados del jefe? Nos rige el convenio colectivo, por ejemplo.

-En el Ejército, si la obediencia es antidemocrática o inconstitucional, no hay que cumplirla. En otros casos sí.

-En una Empresa hay una jerarquía, luego hay cierto grado de obediencia que hay que cumplir.

-¿En toda sociedad hay una estructura jerárquica y en cuanto tal, unos deben obediencia a sus superiores?

-No hay por qué asociar la obediencia a la jerarquía en una sociedad democrática.

-¿Quién hace las leyes?

-Cuando obedecemos las leyes que nos hemos dado en una sociedad democrática, no somos esclavos de ela ley, sino que obedecemos aquello en lo que creemos.

-Gandhi promovió la desobediencia civil porque la ley existente no le servía y no opuso resistencia al castigo.

-Si las leyes emanan del pueblo, no debe haber desigualdad.

-En una cooperativa hay jerarquía; hay obediencia pero no sometimiento.

-En la familia, si las normas se consensúan con los hijos se suelen cumplir sin que haya una sensación de sometimiento a la voluntad de los padres. La dimensión afectiva cambia la relación normativa.

-Asimetría: el hijo no tiene igual capacidad cognitiva, fuerza física, capacidad económica…

-Es necesario mandar u obedecer? ¿Mandar y obedecer?

-Más que obediencia hay cumplimiento o respeto a las normas consensuadas. Pero sí hay sometimiento a las normas consensuadas.

-¿Hay decisiones legítimas tomadas por autoridades legítimas?

-El margen de imposición en la función públ¡ca es menor que en una empresa privada.

-Seguridad.

-Capacidad de iniciativa.

-El divorcio como ejemplo de no sometimiento a una voluntad del otro y al poder económico del otro. La mujer se ha podido divorciar cuando ha tenido una independencia económica.

-El poder del que manda, a veces está en función delpoder que le concede el que obedece. Pero a veces el margen o capacidad de defendernos es mínimo.

-La revolución comienza cuando alguien dic no (como decía…)

-Cuando alguien se vuelve sumiso se resta posibilidad a un movimiento o margen de acción en libertad.

-O la gente se une para luchar contra la opresión o es difícil la salida.

-Hay muchos sumisos disconformes porque no hacen nada por cambiar la situación, por ejemplo en la empresa pública.

-Reformar. ¿Tiene que luchar alguien que manda y alguien que obedece?

-Ortega: la rebelión de las masas.

-En las relaciones sociales siempre hay gente con capacidad de asumir tareas de responsabilidad, de construir…, y gente que no es capaz.

-Hay gente que lucha en unas esferas de la vida y en otras no.

-A veces no luchas por cambiar situaciones porque no lo consideras relevante.
-Hay gente de quien me fío y dejo que sea esa quien mande, siendo yo libremente quien decido obedecer y someterme a sus decisiones porque considero su capacidad superior a la mía.

-Hay líderes carismáticos que emanan autoridad que no hay quien la cuestione.

-Amo-esclavo-Hegel.

-Obediencia=respeto a la ley.

-Eliminación de tensiones: consensuar normas.

-Algunos profesores emanan autoridad y el alumno la reconoce.

-Horizonte de la obediencia: “en junio nos vemos” (amenaza).

-¿Obedecer es necesariamente acatar una orden?

-En los países lo que hacen para que todo funcione es rotar y controlar que las leyes se cumplan.

-En un momento determinado yo puedo decidir que sea otra persona quien tome decisiones.

-Obedecer (a la autoridad ilegítima se la obedece)/ Cumplir/ Seguir (a la autoridad carismática se la sigue, por ej. a Jesucristo).

-Si eres autónomo debes luchar por conservar esa autonomía.

-Obediencia ciega(?)

-La Ola (película que ilustra este tema).

El diálogo comienza con el relato por parte del moderador (Félix) de un hecho real acontecido en la guerra de Bosnia. Este describe cómo un grupo de soldados violan repetidamente a una mujer, la cual les pide un receso para poder dar de mamar a su hijo que está llorando de hambre. Uno de los soldados acepta, pero para que la mujer no se vaya y puedan continuar las violaciones, corta la cabeza del bebé y se la entrega.

 

A partir de esta historia se plantea la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que puede llevar a una persona a obrar tan mal? La primera respuesta que surge por parte de Elena es que, en ese caso, el mal es una circunstancia que se da en la guerra. Sin embargo, Charo replica diciendo que la guerra no justifica la crueldad, por tanto, tiene que haber algo más que lo explique. Lo que sí admite Charo es que en la guerra pueda darse un tipo de violencia legítima que consistiría en la autodefensa. Almudena C. ofrece otra respuesta a la pregunta: el mal se da porque produce gozo, ya que con él se hace sufrir al enemigo; respuesta con la que explica que la guerra origina actos malas y también crueles. Pero Pilar contesta afirmando que la guerra no es la explicación del mal, sino tan solo un pretexto para hacer el mal, y lo suscribe señalando que si una persona no es mala, no hace el mal en la guerra. Además, también señala que igual que en la guerra hay casos de maldad extrema, también los hay de bondad extrema, lo que fundamenta su respuesta de que la guerra saca lo que uno es.

 

Ante esto, Elena pregunta a Pilar lo siguiente: ¿entonces, hay personas que son malvadas? A lo que Pilar responde afirmativamente. A continuación, Charo le pregunta por qué son malas y Pilar responde diciendo que lo son en parte por su naturaleza, en parte por el contexto. Pero Luis no está de acuerdo con que pueda haber alguien malo por naturaleza (de forma innata) y lo suscribe afirmando que hay personas que hacen cosas mal, pero no son malas personas; pone como ejemplo el caso de los maltratadores: con sus mujeres son crueles, pero en otros ámbitos no lo son en absoluto. Almudena C. está de acuerdo con esto y lo amplia con el ejemplo de los nazis, los cuales cometían atrocidades con los judíos, pero luego podían ser padres y maridos ejemplares. A esto Pilar responde diciendo que el hecho de que una persona mala haga algo bueno, no le convierte en buena y Juan Carlos explica la paradoja afirmando que cuando se deshumaniza al otro (a la mujer en el caso del maltratador y al judío en el caso del nazi), uno ya no tiene la sensación de que está haciendo algo malo. En este momento Elena plantea que el mal, entonces, depende del contexto; si el acto convierte a la persona en malvada, depende de en qué contexto y de cómo se interprete ese acto, unas veces será bueno y otras malo, con lo que Pilar no está de acuerdo porque entiende que hay actos malos en sí mismos.

 

A continuación Charo se plantea cuándo un acto es malo y responde afirmando que cuando hay intención; Luis amplía esta respuesta y señala que la intención ha de ser egoísta y con consciencia; Juan Carlos añade que, además, con el acto se busque hacer daño y que tenga unas consecuencias negativas; por último, Pilar añade que el acto debe entrañar violencia.

 

En este punto del diálogo a Almudena M. se le plantea la siguiente cuestión: ¿existe realmente el mal esencial? ¿No buscamos en realidad todos el bien, aunque sea egoístamente, y, por tanto, no se trata más que de un bien mal enfocado? A lo que Pilar contesta objetando que el hecho de que todos busquemos un bien no hace que el mal no se produzca, que tenga consecuencias y que, por tanto, exista.

 

Finalmente el diálogo termina con el siguiente interrogante: ¿Por qué matar a un ser humano es malo?

 

 

Partimos de las preguntas, ¿qué es ser sincero o hablar sinceramente? ¿Qué condiciones han de darse para que hablemos con sinceridad? En principio hablar sinceramente es decir la verdad, sin embargo, ¿no es acaso posible narrar fielmente los hechos y a la vez no hablar del todo sinceramente?

JUAN CARLOS: Pregunta qué tiene que ver la sinceridad con los hechos. Él vincula más la sinceridad a cierta actitud e intención.

CHARO: Está de acuerdo y añade que para hablar sinceramente no sólo es necesaria esa cierta actitud e intención, sino también la aceptación de la verdad, de lo que pasa, de lo que es.

JUAN CARLOS: Afirma que eso tiene que ver con ser sincero con los demás y con uno mismo, pero el tema se queda ahí de momento y no le hacemos caso.

Surge una pregunta: ¿para ser sincero hay que contarlo todo?

Todos estamos de acuerdo en que la exhaustividad no es posible, sino que siempre hacemos una selección de lo que consideramos importante. Decir lo importante es hablar sinceramente y callárselo, aunque lo que se diga sea verdad, es no hablar sinceramente. Si algo importante queda oculto falta sinceridad. Si algo no importante queda oculto no es relevante para la sinceridad.

ANA: No está de acuerdo. Aunque algo quede oculto, si lo que decimos es verdad, somos sinceros. Cuando somos más exhaustivos y nada queda oculto somos francos, no sinceros.

Llegados a este punto surge un problema y es que nos referimos a cosas distintas cuando decimos “sincero”, “franco” y “honesto”, así que necesitamos aclarar esos conceptos y ver qué diferencia hay entre ellos.

ANA: Para ella la sinceridad es un concepto menos amplio que la honestidad y que la franqueza y tiene que ir ligado siempre a la honestidad porque es lo que marca la diferencia entre decir lo pertinente y lo importante y no decir nada más que lo que es verdad aunque no fuera lo pertinente. Por otra parte, la franqueza es la apertura que va más allá de la sinceridad, gracias a la cual no se oculta nada. La franqueza sí necesita de la honestidad, no es que sea deseable como en la sinceridad sino que es necesaria.

Creo que los demás no hemos entendido bien los matices que Ana encuentra entre los tres conceptos.

JUAN CARLOS: No está de acuerdo e introduce otra distinción entre la honestidad y la sinceridad: la primera se refiere al ámbito público y la segunda al privado.

Los demás no estamos de acuerdo con él porque creemos que se puede ser honesto también en el ámbito privado y sincero en el público. Juan Carlos explica que para él la sinceridad tiene que ver con las relaciones cercanas e íntimas.

Entre todos hacemos una especie de definición: “Franqueza” tiene que ver con abrirse, con hablar abiertamente, sin ocultar nada. “Sinceramente” tiene más que ver con hablar de corazón, con convencimiento, sintiendo o creyendo que lo que decimos es verdad.

Todos compartimos estas definiciones, menos Ana, que sigue prefiriendo las que dio al principio.

Surge otra pregunta ligada a la distinción anterior entre ser sincero con uno mismo y ser sincero con los demás: ¿qué pasa si uno se autoengaña o se autojustifica, puede en ese caso ser sincero con otras personas? Dentro de su engaño sí. Si se cree su engaño es sincero cuando se lo comunica a otras personas.

LUCÍA: No está de acuerdo. Aunque quien se ha autoengañado no es un mentiroso, tampoco es una persona muy sincera, de esas que realmente nos llaman la atención por su sinceridad. La sinceridad va vinculada a un proceso más profundo que el de simplemente decir lo que te viene a la cabeza. La sinceridad va ligada a darse cuenta de de lo que pasa, de las cosas, a prestarles atención. Aunque cuando hablamos de algo superficialmente no mentimos, tampoco somos el colmo de la sinceridad, sino que esta va ligada a una visión más profunda de las cosas (eso no significa que haya que hablar de temas profundos para ser sincero/a).

JUAN CARLOS: Está de acuerdo. Cuando no profundizamos y hablamos a la ligera no hay sinceridad ni franqueza ni honestidad. No siempre somos sinceros o mentirosos, hay grados y el de la superficialidad es uno de ellos.

LUCÍA: De hecho, la sinceridad cuesta, hablar sinceramente es costoso porque requiere investigar y profundizar en las cuestiones.

LUIS: Cuesta ser sinceros porque a veces la sinceridad hace daño a los que escuchan.

Surge la pregunta si siempre debemos ser sinceros y de si sería deseable que lo fuéramos, aunque queda aplazada por otra más inmediata: ¿evitar hacer daño a otros es razón para no hablar sinceramente?

CHARO Y LUIS: Sí, creen que es razón para no hablar sinceramente. Se ponen dos ejemplos: el de la infidelidad en una pareja y el de “¿Estoy guapa?” “ufff… muchísimo…” Es mejor decir a otra persona que está guapa aunque el vestido le quede horrible.

ANA: A veces no identificamos bien dónde reside el verdadero daño.

LUIS: Plantea un caso concreto de un niño de 9 años que pregunta cómo era su padre, muerto hace mucho. El padre era toxicómano y andaba siempre pidiendo dinero a todo el mundo, ¿habría que decirle esto al niño a pesar de que le va a doler o es mejor no ser sincero, decirle otra cosa y que no sufra?

ANA: Evitar el daño no es razón, ni siquiera en este caso, para no hablar sinceramente. Si el niño pregunta es porque necesita saber algo y no decírselo es también hacerle daño. Además a la larga no se sabe qué causará más daño.

CHARO: Cambia de opinión y también ella cree que es mejor decir las cosas, aunque duelan. No sabe si esto vale para todos los casos.

LUCÍA: Está de acuerdo con Ana. Además hay formas y formas y de hablar y de decir las cosas. Saber ciertas cosas siempre nos va producir dolor, pero las cosas se pueden decir con cuidado, amablemente, con ternura o de forma bruta, incluso queriendo herir. Lo segundo, aunque a veces se piense que hablar así sea hablar sinceramente, no es fruto de la sinceridad, sino de la inmediatez, de la falta de atención y de consideración.

JUAN CARLOS: Sinceridad y cuidado han de ir unidas.

LUIS: No le gustan las personas que expresan todo lo que les cruza por la cabeza.

Retomamos la pregunta de si sería deseable que fuéramos siempre sinceros.

LUIS: Por lo que ha explicado antes, dice que no; para él evitar el dolor ajeno sí es razón para no ser siempre sincero.

LUCÍA: Si la sinceridad es algo que va ligado a ese proceso de profundizar en las cosas y además va unida al cuidado, sí sería deseable que fuéramos sinceros. Lo que pasa es que no podemos siempre ser sinceros, dada esta definición, porque no podemos profundizar en todas las cuestiones. Pero sería deseable serlo todo lo que pudiéramos.

Vuelve la idea de que la sinceridad, hablar con sinceridad, no es fácil, sino que cuesta.

JUAN CARLOS: Vivimos cada uno en nuestra burbuja y la sinceridad es algo así como entrar en la burbuja de otra persona y abrir la burbuja propia a esa otra persona. Eso cuesta mucho. Crear el espacio para otro cuesta.

ANA: Está de acuerdo, aunque cree que cuesta más recibir bien al que llega a nuestra burbuja que salir de la nuestra propia. Muchas personas están deseando salir de su burbuja.

JUAN CARLOS: Las dos cosas van unidas.

Al final todos estamos bastante de acuerdo en que hablar con sinceridad es hablar de corazón a corazón. Fusión de burbujas.

JUAN CARLOS: Plantea una última pregunta que prácticamente se queda sin respuesta: ¿Damos por supuesto que los demás, las personas, nos hablan con sinceridad?

Respondemos que más bien nos hablan con cortesía, con amabilidad, pero de corazón a corazón pocas personas hablan.

Al final nos parece cierto que la sinceridad tiene que ver con la intimidad, con las relaciones más personales, cercanas e íntimas.

El desacuerdo entre la definición de Ana de “sinceridad”, “honestidad” y “franqueza” frente a los usos que los demás hacemos de esas palabras llega hasta el final y queda sin resolver.

Se ha planteado el tema de la manipulación y sobre la mesa junto a dos bizcochos y Elena como facilitadora tres preguntas: ¿es posible no “manipular” a nuestros alumnos o a nuestros hijos en el ejercicio de nuestra profesión de profesores o padres? ¿Es conveniente o desaconsejable? ¿Qué entendemos por manipulación?

Pilar Pedraza toma la palabra y distingue entre dos tipos de manipulación la que afecta a la información de los medios de comunicación y la manipulación que se ejerce sobre las personas y que no deja libertad para diferentes opciones. Se influye sobre la persona coartando su libertad de disentir y se presenta una opción como única o mejor.

Luís plantea si la manipulación es consciente o inconciente y se apunta que los alumnos son más vulnerables y por tanto su manipulación es más peligrosa. La manipulación inconsciente sería menos grave

Elena pregunta si habría que incluir cuando el manipulado no se entera y si sería solo manipulación cuando se da esta circunstancia.

Félix opina que te manipulan cuando no te enteras y te coartan y obligan con intención. Luís dice que te manipulan “cuando te llevan al huerto” a lo que Pilar P. contesta que hay una connotación sexual en la frase que no incluye la manipulación. Almudena cree que el manipulador es consciente siempre.

Manipular es un término negativo que indica intencionalidad y Elena apunta que el manipulador lo hace voluntariamente.

Pilar Castañar plantea si en la enseñanza a veces se puede manipular involuntariamente y opina que la historia en concreto muchas veces no es objetiva y el planteamiento del profesor puede influir en la visión de los alumnos. Félix no está de acuerdo con que la historia no sea objetiva; dice que no se puede afirmar eso a priori porque un buen historiador siempre tiene que aportar datos suficientes que sustenten sus juicios y refrenden su objetividad. Luís piensa que si se ocultan datos voluntariamente si es manipulación. Lucía dice que si se planteara “si dices lo que yo te digo, te apruebo” sería, pero que si el profesor cuenta lo que él cree no manipula, solo lo haría aquel que tergiverse los datos y maniobre para que se llegue a la conclusión a la que él quiere que se llegue.

Ana apunta que cuando no hay intención de ocultar no hay manipulación, solo lo sería cuando se oculta información y existe esa intención. Pilar P. responde que cuando se oculta información es imposición y no manipulación. Cree que la objetividad absoluta en un profesor es imposible e influye mucho cómo se cuenta. Lo que si se puede hacer es poner en antecedentes a los alumnos de tu visión para prevenirles de que hay más opciones de ver el mismo hecho. Luís hace referencia a los intentos de los libros de texto del País Vasco y Cataluña de manipular y pone un ejemplo concreto sobre la Guerra Civil y el País Vasco.

Guadalupe señala que hay personas que tienen una visión global de la realidad mayor y son conscientes de lo que se está haciendo, son capaces de ver objetivamente que en una realidad determinada alguien está manipulando. Para ello hay que conservar la pureza y capacidad de observación.

Elena dice que a veces se puede manejar a la gente sin carácter malvado.

Félix pone como ejemplo claro de manipulación “1984”. Para manipular muchas veces se aprovecha el miedo o se aportan intencionadamente datos falsos. Aportar datos falsos intencionadamente es distinto a la censura que no da la información pero no lo falsea. Por tanto censura y manipulación serían distintas. El que cuenta lo que cree no manipula, aunque esté equivocado. El que oculta intencionadamente deforma la realidad.

Félix pone como ejemplo cuando das a elegir a los chicos entre dos opciones metiendo un nuevo elemento que no viene a cuento para lograr que hagan lo que tú crees que deberían hacer. Tras una discusión sobre la pena de muerte y observando que una mayoría de alumnos se muestran a favor se pueden aportar detalles de una ejecución para conseguir que de momento se posicionen a tu favor. Se introduce un nuevo elemento que no tiene que ver,  para lograr manipular; objetivo que solo se logra a corto plazo, porque cuando pasa un tiempo volverán a su idea original.

Lucía señala que la manipulación no siempre es consciente y hay padres que reconocen a posteriori que no sabían que lo que hacían podía ser una forma de manipular; a veces te das cuenta después y no hay una plena intención. El chantaje emocional es manipulador y todos coincidimos en que la mayoría de las madres lo han utilizado en más de una ocasión

El profesor influye y transmite. Hay que delimitar una frontera entre “influir” y contagiar ciertas cosas, decir no es manipular, poner carita de pena si lo es (en clara referencia al gesto de Lucía y con carácter jocoso).

Pilar P. pone sobre la mesa de nuevo tres preguntas interesantes: ¿Se puede manipular para conseguir algo bueno? ¿Es legítimo hacerlo? ¿Se manipula más cuando hay lazos afectivos por medio?

Elena recalca si hay intención o no de manipular y Ana le contesta que siempre hay intención, pero no le ponemos nombre. Quieres que el otro haga lo que yo quiero y pone el ejemplo de su madre que se lo ha reconocido hace poco sin tapujos. Pilar P. le dice que puede ser algo bueno para el manipulado, pero Ana le rebate que aunque la intención sea buena no es legítimo porque cortas la libertad de esa persona. Para ella la libertad es lo prioritario y no coartar que esa persona se equivoque. Con respecto a la pregunta de si es legítimo para Ana, claramente no lo es.

Federico toma la palabra y dice que si no es lo mismo la manipulación consciente e inconsciente ¿cómo llamamos al ejercicio inconsciente? Félix le responde que no es todo o nada, hay muchos grados: inconsciencia culpable, no culpable, etc. pero que no hay peor ignorante que el que no quiere saber. La manipulación siempre es mala y técnicamente imposible porque a la larga no conduce a nada. En el caso de un profesor que tenga un claro ascendente sobre sus alumnos es más peligroso y cuanto mayor sea éste más cuidado debe tener; es necesaria una autodisciplina mayor. Un líder es alguien que tiene más personalidad y carisma y debe utilizar ese poder para evitar manipular a los que le siguen.

Elena comenta que el manipular nunca es bienintencionado aunque sea para hacer algo beneficioso. Félix dice que está seguro de que no sirve para nada y no es lícito porque es inmoral e inútil.

Almudena plantea que puede haber un uso bondadoso de la manipulación y como ejemplo cita al bombero que convence al suicida de que no lo haga, para salvarle. Para ella en este caso sería legítimo. Ana opina que para ella ni siquiera en ese caso lo sería.

Félix comenta que los confesores distinguían entre “ignorancia culpable” de “ignorancia insalvable” pues hay gente que no puede salir de su ceguera por sus propios condicionantes personales.

Se comenta que la manipulación de las madres es un truco genético y Guadalupe dice que aunque en las madres sea buena la intención, asfixian a sus hijos y esto tampoco es lícito.

Ana dice que en la manipulación hay grados pero es consciente siempre porque en el momento que evitas pensar en lo que estás haciendo, ya sabes que estás haciendo algo en lo que no quieres pensar y por tanto sabes que está mal. Félix comenta que Guillermo Brown mentía tan bien que se engañaba a si mismo.

Hay que distinguir entre consciencia y la sutileza de esa manipulación. No es genético y muchas veces puedes obtener lo contrario. Elena afirma que la habilidad del manipulador es que no se entere nadie de que está manipulando.

Ana dice que es difícil dar nombre a los vicios, nos cuesta vernos como malos. Ve el chantaje emocional como el soborno de los sentimientos y no es legítimo en ningún caso, incluso en el caso de que menores inconscientes y locos quieran tirarse por una ventana.

Se plantea otra pregunta ¿se puede manipular uno a si mismo? Félix responde que a eso se le llama “autojustificación”. Se puede racionalizar o justificar pero manipularse es difícil. Federico dice que justificar y engañar no es manipular.

Se comenta que hay profesiones que se pueden prestar más a la manipulación como son: psicólogo, profesor, etc. y que en esos casos hay que tener mucho cuidado y ser muy cuidadoso para no caer en ello.

Federico retoma el tema de los grados y dice que hay que considerar la inconsciencia del manipulador, el que aprende a querer y amar de una manera, es decir con los mecanismos con los que crecemos y que asumimos como propios y que puede llegar a desarrollar una lógica no racional. Félix opina que no puede haber intención inconsciente. Federico señala que en su experiencia en los Ayuntamientos hay mujeres maltratadas que inconscientemente repiten en su elección de parejas maltratadoras, eligen siempre mal y plantea ¿puede haber en el manipulador y en el manipulado algo inconsciente? Se puede dar la educación en esos valores y el manipulador actuar sin saber que lo que está haciendo es muy malo. Ana responde que en realidad el manipulador siempre es consciente aunque puede suceder  que no sepa como ir por otro camino.

La manipulación implica relaciones de poder, de lucha por el poder y reconocimiento que son el centro de la lucha política y ética.

Lucía pregunta si en el caso de niños manipuladores con sus padres son conscientes de lo que hacen. Son niños que crecen con esos roles y no rectifican hasta que siendo adultos se plantean como se relacionan con las personas. Félix contesta que no conocen la palabra para definirlo pero si saben lo que hacen. Se pone como ejemplo de manipulación infantil el niño enfermo que exagera los síntomas para lograr atención.

Lucía afirma que en la manipulación entran los aspectos vulnerables de una persona y se realiza la manipulación aprovechando justamente esos aspectos. Pilar P. ve que cuando los sentimientos son más vulnerables entra en juego la dependencia emocional. En el esquema mental de la manipulación consciente, se actúa con mala intención y el resultado siempre es negativo. En el caso de la manipulación inconsciente el resultado es negativo igualmente, porque manipular está mal.

Félix cita un vídeo de un niño y dice que lo que busca el niño es poder y estatus y los seres humanos mentimos. Hay que aprender a mentir sin que lo noten y detectar cuando te están mintiendo. Se manipula al vulnerable, son juegos de poder. El manipulador utiliza su inteligencia para manejar la vulnerabilidad del manipulado. En general, el manipulador es más inteligente y se aprovecha del manipulado que no lo es tanto. Pilar C. opina que es injusto que encima que a una persona se le manipula se le considere tonto; “cómo eres tonto te mereces que yo que soy mucho más listo que tú, te pueda manipular y utilizar”. Félix aclara que eso no es lo que él cree. Y afirma que el profesor debe tener mucho cuidado con las relaciones de poder porque es un combate entre desiguales. La educación debe dar herramientas para defenderse de la manipulación. Comenta que hay profesores que exigen el retorno de la figura de autoridad del profesor cuando éste, de por si,  tiene todo el poder del mundo.

Un manipulador se puede autojustificar con eufemismos como “la gestión adecuada de los sentimientos”. Pero tú eres un manipulador y hay daños colaterales pues te aprovechas de las debilidades y de la vulnerabilidad de los demás. Guadalupe dice que no es necesario mentir, solo “dar” cuando conoces las debilidades del otro.

Lucía apunta una nueva idea muy interesante: la debilidad del manipulador, es débil porque el fuerte no tiene necesidad de utilizar la fuerza.

En la manipulación inconsciente siempre hay intencionalidad (Luís) y Elena dice que si no hay intención no hay manipulación.

A pesar de los intentos de Ana porque Elena se defina en sus autoproclamados dotes de manipuladora no lo consigue y se pospone para la siguiente sesión su toma de postura, aunque todos coincidimos que en esta sesión nos prometió manipularnos y ninguno hemos percibido nada.

Yo, que debido a mi ocasional ocupación de resumidora de opiniones y por tanto manipuladora consciente de vuestras manifestaciones, quiero dar mi opinión y señalar que no se ha hablado de la soledad final a la que irremisiblemente llega un manipulador. Quien cree que es más inteligente que nadie y manipula porque cree que los demás no se enteran está engañándose desde el principio. En muchas ocasiones el manipulado es consciente de que está siendo manejado pero puede ceder a la situación por amor, por dar una oportunidad a una amistad o por pura tolerancia; otras veces, el manipulado no se da cuenta al principio, pero siempre lo va a detectar a la larga y va a juzgar a la persona manipuladora como tal y actuará en consecuencia con ella. El manipulador pierde la oportunidad de disfrutar, simplemente, con las buenas personas porque siempre tratará de imponer su criterio y voluntad, y en aras de la ostentación íntima de su poder pierde valores humanos como la solidaridad, la generosidad y la empatía. A la larga creo que el manipulador se convierte en una persona triste y solitaria y se tiene que conformar con solazarse en su “inteligencia superior” que le hace presuponer que nadie le “pilla” en sus manejos. Sinceramente creo que no merece la pena y es importante detectarnos a nosotros mismos cuando en las cosas cotidianas intentamos imponer nuestra voluntad disimuladamente.

En la evaluación final, se valora la opción dada por Elena como facilitadora de pedirse el turno de palabra, dándose la vez del último al siguiente (como en el mercado). Algunos creen que no ha funcionado bien porque ha habido algunos saltos de personas y se propone que haya un voluntario que dé el turno de palabra. Ante el temor de que otra persona ocupada en algo concreto tampoco participe se concluye que se seguirá como siempre. Federico opina que ha habido una participación fluida y comedida en los comentarios y que la facilitadora ha orientado bien la discusión planteando preguntas y encauzando el debate. Sus palabras son secundadas por la mayoría.

Sobre el bizcocho se comenta que ha estado bien, aunque a Félix le gustan más los postres caseros. En cualquier caso se concluye que ha estado rico, sobre todo para Federico que se ha comido todas las nueces.

Con respecto al tema propuesto por Ana sobre la solicitud de subvención para el grupo de trabajo, se opina mayoritariamente que en estos momentos no se necesita dinero ya que no se ve muy claro como podría justificarse.

Se anima  encarecidamente a la participación en el blog con más enfoques sobre el tema y continuar así el debate hasta la próxima convocatoria, que incluye “cenita”.

Pilar Castañar

Ana tiene un interés especial en tratar este tema porque para ella supone un auténtico conflicto personal llegar a saber cuál es su propia identidad: cómo ella se ve a sí misma, cómo los demás la vemos o cómo es en realidad. Tal vez una mezcla de todo ello.

No tengo claro quién ha ido exponiendo las ideas que voy a apuntar. Empecé tarde a recogerlas y es la primera vez que lo hago. Pido disculpas de antemano si omito ideas expuestas por alguno de los presentes (Lucía, Luis, Ana, Félix, Pilar, Guadalupe y Almudena).

Creo que primero se sugirió que la identidad personal de cada uno se va construyendo con lo que uno es, con lo que las personas que nos rodean (familia, amigos, conocidos…) nos aportan y con las elecciones y decisiones que vamos tomando día a día, con lo que ello supone de tener que decir que no a otras tantas opciones por cada elección que hacemos.

Félix dice que cada uno es lo que hace con lo que le toca: según donde nace, con quien vive, las circunstancias que le acompañan etc.

Pilar habla de la dignidad de la persona como aquella característica más íntima de nuestro ser, de nuestra identidad. Pone el ejemplo de una niña que nace en un lugar tan pobre que para sobrevivir se ve abocada a la prostitución. Se niega a pensar que esa niña tenga una vida menos digna que otra cuya vida se desarrolla en un mundo con circunstancias más favorables.

Félix contesta que él no se atrevería nunca a juzgar ni realizar una valoración sobre la dignidad o falta de dignidad de una persona.

Sin embargo todos consideramos que hay personas que creemos admirables y que nos sirven de ejemplo a seguir. Alguien aporta la idea de que hay personas que son admirables, dignas de admiración, que sirven de ejemplo para quien quiere construir su identidad.

No sé muy bien a partir de qué reflexión, Félix añade que él a sus alumnos (¿de 2º?) les llama “terminales académicos”, les dice que ya han repetido dos veces, que tienen cinco asignaturas suspensas de 1º… y que como sigan así tienen que dejar de estudiar y se les terminan sus posibilidades.

Todos hacemos valoraciones de nosotros mismos y de los demás, con silencios, comportamientos y actitudes, gestos, opiniones,…

Todos tenemos –añade Pilar-, conocimiento de cosas muy íntimas de uno mismo que no nos atreveríamos nunca a mostrar a nadie, y tal vez esa parte más íntima de uno mismo sea esencial de nuestra identidad. Félix le rebate y le dice que nunca podríamos afirmar que en ninguna situación sacaríamos a la luz aquello que consideramos más íntimo de uno mismo.

Guadalupe dice que nos vamos conociendo conforme nos vamos manifestando. No podemos conocer todo lo que somos. Y aunque no queramos terminan aflorando todas aquellas cosas que queremos ocultar.

La gente que nos rodea influye mucho en nuestra identidad. Si tienes la suerte de verte rodeado de gente buena que cree en ti, es posible que aunque tú no seas bueno termines siendo mejor gracias a esa ayuda porque ellos creen que puedes llegar a serlo.

El efecto Pigmalión no está demostrado en la Enseñanza. Las expectativas del profesor puestas en el alumno, no está demostrado que causen el efecto pretendido en aquél y en su actitud. Pero sí es cierto que la mirada de los otros te puede cambiar.

Almudena

 

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